Edgar Wright es conocido en todo el mundo por mantener un estilo autoral a pesar de haber explorado a lo largo de su filmografía diferentes géneros. El director inglés que saltó a la fama luego de haber dirigido la sitcom británica Spaced (1999-2001) y que posteriormente alcanzó el reconocimiento de la industria con películas, ya de culto, como la Trilogía del Cornetto (Shaun of the Dead 2004, Hot Fuzz 2007 y The World´s End 2013) Scott Pilgrim vs. the World (2010) y su último trabajo con Baby Driver (2017). Todas películas que entre ellas tienen más en común que lo que su género puede decir, hay acción, hay comedia, hay ¡zombies! En fin, de todo un poco. Y todo bien hecho y repitiendo algunas fórmulas que a esta altura ya son una marca distintiva de Wright, la combinación estética, la meticulosidad de la producción, la banda de sonido, el humor y una constante retribución en forma de homenaje o guiños al cine que él vio de chico y que lo hizo ser quién es hoy. 

Por todo eso, y quizás todavía más, es que Last Night in Soho es una película que se palpa diferente a otras que él ha hecho y se nota que hay una conexión en particular. Pero para analizar eso hay tiempo, primero lo primero… Esta nueva película cuenta la historia de Ellie (Thomasin McKenzie), una joven que vive en un pequeño pueblo a las afueras de Londres, con ganas de ser diseñadora de moda y que gracias a su talento consigue una beca para mudarse a la gran ciudad y asistir a una de las universidades más reconocidas en la materia. Claro que al mudarse de la tranquilidad de la campiña al alboroto constante de la gran ciudad, no todo será color de rosa para ella y ahí es donde encontrará, a priori, una especie de refugio en un departamento en el que al dormir es transportada inmediatamente al pasado y logra ver, y posarse en, la vida de Sandie (Anya Taylor-Joy) una aspirante a cantante que, como ella, hará lo imposible para lograr el éxito. Ellie no sólo encontrará algunas respuestas para su inspiración artística sino que también que quizás los ‘60 en Soho no fue todo color de rosas. O sí, pero de las rosas color sangre.

Cómo se mencionó antes, está película escrita y dirigida por Edgar Wright, con la colaboración de Krysty Wilson-Cairns en el guion, parece ser el mismo tipo de historia que fue Once Upon a Time in… Hollywood para Quentin Tarantino. No puntualmente por la trama que se narra, sus personajes, ni mucho menos por la historia per se, pero sí tiene ese dejo de sentimiento que en las películas, cuando se tiene, se percibe, se siente y se palpa de forma instantánea. Esta época de luces de neón que alumbran lo más profundo de la noche, la estética de una época que nunca tendrá parangón, la explosión musical, la irreverencia de una generación revelándose ante lo estipulado.Todas cuestiones que definen a la perfección la personalidad de Wright y que transmite todo su amor por esa época en cada plano que puede y en cada minuto rodado de película. Claro que no sólo tiene guiños u homenajes de tipo estéticos. Él, como autor que es, decidió volcar todos sus gustos cinéfilos para crear un relato que tiene cosas del giallo de Dario Argento, las referencias a Suspiria (1977) son más que claras y el surrealismo y la profundidad del cine David Lynch o Ingmar Bergman. Claro que todo esto, que está plasmado de una forma soberbia, está barnizado por el estilo propio de Wright. Con sus pros y sus contras también. La puesta en escena y su manejo en pos de la historia todo al compás de una banda sonora curada como nunca por él mismo es una belleza estética/narrativa que enamora desde el primer momento hasta el último y que salvo por algunos momentos no se pierde en su propio surrealismo. Lastimosamente esos momentos llegan en forma de sobre explicación y ,sin sacarle el sabor a todo el camino transcurrido previamente, un poco empaña un trabajo de dirección y escritura. Una sobre explicación que se entiende es expuesta para que el film pueda llegar a un público más amplio y general y que no se quede tanta gente afuera. Si bien su tercer acto es algo irregular, es una celebración de lo que Edgar Wright es como director y de cómo se divierte él haciendo lo que hace y que ojalá eso nunca se termine. 

Uno de los grandes aspectos que ha mantenido en vilo prácticamente al público desde que se anunció fue su elenco, ya que reúne a un binomio de actrices que está en pleno auge y en el foco de todos los medios del mundo como lo son Anya y McKenzie. Ambas la rompen. Lisa y llanamente, las dos muestran un nivel de actuación muy alto y en la que es realmente difícil decir si hay una que esté mejor que la otra. Otra de las estrellas de la película es Matt Smith, que no tiene tanta participación en cine pero sí en series y que está totalmente a la altura de lo que se requiere cambiando incluso su registro de actuación. Quienes lo tengan de Doctor Who no van a poder creer los sentimientos que afloran a medida que la película se desarrolla. Y ellos cómo máximas figuras porque el resto del elenco se ve completado por Michael Ajao, Diana Rigg y Terence Stamp que en sus roles cumplen a la perfección. 

Last Night in Soho es sin dudas una de las grandes películas de este año. Por su calidad técnica, por los actores y actrices que trabajan en ella, porque es una historia original, y sobre todo porque es una película de autor, al que no lo nublan los grandes estudios y las franquicias. Alguien que se mueve por sus propios caminos y que cuando hay algo que no le cierra, caso Ant-Man, no teme en salir porque sabe que su propio talento le abrirá las puertas de nuevos y fantásticos mundos. En este caso nos abrió la puerta de su concepción de un Soho que tiene todo y así de bien salió. Ya estamos ansiosos de saber donde nos llevará la próxima vez.

PUNTAJE: 9/10