Luego de dirigir El Ritual (2017), David Bruckner retoma la dirección para en este caso contar una historia en donde Beth (Rebecca Hall) es una reciente viuda que debe afrontar la pérdida de su esposo. Dentro de ese, difícil y tumultuoso panorama, extraños sucesos comienzan a pasar en su casa, que fue construida por el mismísimo difunto y al mismo tiempo, Beth empieza a sentir que alguien se la pasa deambulando por su casa haciéndola creer que no está sola. La paranoia de Beth crecerá de tal manera en la que paso a paso descubrirá que la vida de su marido no era tal y como ella pensaba y que quizás, después de todo, las primeras impresiones que tuvo de que alguien más está en su casa no eran del todo erradas.  

Escrita por Luke Piotrowski y Ben Collins, The Night House es una película que aborda diferentes temáticas, de mayor y menor importancia, pero que en su ejecución pareciera querer abordarlas todas con la misma seriedad y ahí es donde el guion y su posterior puesta en escena comienzan a darse los problemas. El gran punto de la película es la pérdida. La pérdida de un ser querido que de buenas a primeras ya no está y las preguntas al “¿que pasó para llegar a este punto?” no están. O sí, pero de una forma muy críptica que solo la protagonista entiende y que de a poco lo va a ir soltando a lo largo de la película. Entonces, parado desde esa perspectiva, uno podría asegurar que el viaje que proponen tanto guionistas como director, es cuando menos de reflexión y de un relato íntimo en donde el cuestionamiento de semejantes temas pide por lo menos una seriedad importante. Ahora, para mal de la cinta, esto no sucede hasta faltando aproximadamente 15 minutos. El resto de la narración es un conjunto de temas y géneros que por momentos apuesta al terror, por otros al home invasion, al surrealismo, el onirismo y por último a la pérdida y al dolor. Con algunos buenos momentos, pocos, y otros tantos que no se pueden creer cómo pasaron el primer borrador de guion (demasiados jumpscares sin demasiado sentido). 

Claro que todos estos problemas se ven matizados y en algún momento también ocultas totalmente gracias a la gran labor técnica que tiene al director cómo gran responsable. Toda la estética demodé utilizada, con planos generales y simétricos es impecable de ver y da la sensación de que cada encuadre algo quiere decirle al público. Lo mismo con todo lo que tiene que ver con el sonido, tanto su composición como la edición del mismo. Ambos aspectos logran generar una atmósfera perturbadora y en la cuál, si se logra entrar de lleno, puede producir una sensación devastadora en el espectador. Es una lástima que eso no ocurra masivamente porque estos buenos aspectos se pierden en el tumultuoso camino que el film propone.

Otro de los buenos aspectos de la película es el de su protagonista, que prácticamente se carga en la espalda la totalidad de minutos en pantalla y da una más que convincente actuación, sin dudas que Rebecca Hall es la gran “ganadora” de esta producción ya que se mueve bastante de los papeles que supo protagonizar en el pasado. Ya sea en películas de menor presupuesto o de tanques con mucho caudal de billetes detrás. El resto del elenco acompaña de manera correcta pero nadie está a la altura de Rebecca.

Da la sensación que The Night House es una película que tuvo la voluntad de querer abarcar más de lo que se puede o más de lo que los guionistas pudieron diagramar. El propósito final del film es interesante pero los caminos confusos y quizás, muy rebuscados. La destreza técnica de su director no puede soslayar la dificultad narrativa de una historia que mucho quiso abarcar, pero apretó poco.

PUNTAJE: 6/10