Madison (Annabelle Wallis) es una mujer que vive en Seattle junto a su pareja Derek (Jake Abel). Una noche, él golpea su cabeza contra la pared, y comienzan a suceder cosas extrañas en la casa. A partir de entonces, Madison tiene visiones sobre unos cruentos asesinatos que parecen estar relacionados a ella de alguna manera.

James Wan vuelve a ponerse tras la cámara de un filme de género después de media década. En el medio produjo varias de terror para la única que lo tuvo efectivamente como director fue Aquaman (2018) del universo de DC Comics. La película tiene su sello desde el minuto cero, cuando nos muestra lo que parece ser un hospital donde se realizan horribles y sobrenaturales experimentos para saltar al presente donde esas acciones tendrán consecuencias. 

Las fortalezas de la película son las usuales en la filmografía de Wan: una historia lo suficientemente interesante, no abusa del jump scare, crea una atmósfera muy incómoda por momentos y oscila entre posibles soluciones a un misterio planteado, el cual de forma orgánica termina revelándose pero en su debido tiempo. Destaco esto último en particular porque el filme va quebrando la cintura hacía diferentes tropos del género hasta que finalmente llegamos a la revelación de lo que ocurre.

Ahora bien, Maligno tiene dos debilidades muy marcadas. La primera es que salvo el policía interpretado por George Young y algunos momentos de la protagonista, Annabelle Wallis, está actuada de forma bastante pobre. La segunda y, a mí parecer, la que termina disparándole en el pie a una película bastante sólida es la sobre explicación del final. Una vez acontecidos los eventos del final, los cuales los vemos suceder, un personaje te explica punto por punto lo visto y es bastante molesto. Recomiendo verla en cine. Es muy envolvente y en pantalla grande se disfruta de mejor manera el buen gore que tiene la cinta.

PUNTAJE: 7/10