Poco a poco, se retoma el curso normal de los estrenos en cines y si hablamos del cine moderno, hablamos de películas de comics. Hace años que cada estudio y editorial de diversas maneras y con diferentes personajes e historias, se fueron acercando a las producciones cinematográficas con propuestas para el espectador de todo tipo. A pesar de la gran cantidad de opciones que abundan en la carta, las cosas serias siempre terminan definiéndose en el choque de los más grandes: DC y Marvel.

Y ésta nueva película The Suicide Squad (2021) sin dudas marca un hito en la historia de las compañías dominantes del género. Corría el año 2018, se jugaba un mundial de fútbol en Rusia, nos dirigía un pelado malvado, el dólar costaba alrededor de 20 pesos y James Gunn se encontraba posicionado como uno de los directores de más renombre en Marvel Studios con Guardians of the Galaxy Vol.3 siendo su próximo estreno del MCU. Por otra parte, DC y la tan desconcertante Warner Brothers, ya habían estrenado la porquería de Justice League (2017) y literalmente iban con el timón de su barco comiquero a la deriva. A pesar de no haber funcionado para nada lo de Joss Whedon en la «película» de la Liga de la Justicia que lanzaron en cines, la sensación es que DC/Warner siempre quiso emular y poder acercarse cada vez más a la fórmula Marvel. Las cosas no pudieron haber salido mejor para Warner en julio de aquel 2018 cuando la vida profesional de James Gunn estuvo a punto de ser exterminada del entretenimiento masivo por la aparición de unos tweets y publicaciones antiguas del director en donde según sus palabras, estaba «haciendo chistes» con temas bastantes sensibles y sin dudas cuestionables. En la ola de lo políticamente correcto y en tiempos de tolerancia cero para estas cuestiones en Hollywood, Disney no dudó en despedirlo. Eran horas complicadas en la vida de Gunn, mezclado entre el apoyo de algunas figuras del cine que trabajaron con él y el repudio que recibía en lo que pintaba como una cancelación inminente, Warner Bros. Pictures contactó y le ofreció absolutamente todo lo que quiera de DC Comics a su disposición, con tal de que el «ex director» estrella de Marvel juegue en su equipo.

Finalmente la vida para James Gunn mejoró en lugar de hundirse, entre todo lo ofrecido por DC eligió al Suicide Squad y con el tiempo Marvel lo volvió a contratar.

Y si hablamos de bardo, críticas, quilombos en Hollywood, pareciera ser que la vida del Squad y Gunn quiso unirlos porque son tal para cual. El Escuadrón Suicida, ese equipo que se ensucia las manos, que deja la vida en la cancha, los villanos más podridos de DC Comics tuvieron su primera oportunidad de saltar a la gran pantalla en 2016 dirigidos por David Ayer. La historia de esa película es otra de las manchas del estudio y de DC Comics en el cine. #ReleaseTheAyerCut es una movida nacida en redes sociales, apoyada por el propio director, sus protagonistas, varios colegas del que alguna vez se conoció como el DCEU y obvio sus fans que exigen lo mismo que sucedió con la Justice League que estrenaron en 2017, pero a diferencia de la victoria casi inmediata del Snyder Cut saliendo en HBO Max, Warner cambió la página y avanzó en una nueva película que no es un reboot ni reinicio de la franquicia, que sigue siendo del mismo Universo DC que vimos en el 2016 pero que cambió absolutamente todo y finalmente lo del Escuadrón Suicida se siente más como una película y para nada un producto dañino como lo anterior.

Con un par de pelis, pero más que nada con lo visto en ambas de los Guardianes de la Galaxia, sumado a que el estudio le daba el total control creativo para explotar al máximo toda su visión, era medio de esperarse que The Suicide Squad sea como mínimo una buena película. Y sí, claro que lo es, El Escuadrón Suicida es un concepto recontra copado, villanos de DC Comics cumpliendo misiones encubiertas del gobierno, con explosivos en sus cabezas, amenazados por Amanda Waller, actuando con demencia, de manera suicida, explosiva, inesperada y sangrienta. Un combo pochoclero que respira entretenimiento, un aire que invita a la diversión absoluta, un concepto que uno pensaba que algo así nunca podía fallar, pero sí, le pasó en su primera película y para la alegría de muchos, en este nuevo intento todo marcha bien.

Desde ya, ni bien empieza TSQ, el ritmo y la cancha la marca James Gunn, diciendo acá estoy, ésta es mi película. Ya saben, un buen soundtrack, unas tomas piolas, sin la necesidad de explicarle todo nuevamente al público, el film inicia su recorrido con total naturalidad y con el Squad partiendo a la misión suicida. En una mezcla de sensaciones que genera la combinación de los personajes nuevos con los vieja escuela de David Ayer, los primeros minutos transmiten una vibra de abrir un buen cómic y meterse de lleno en la historia. Un claro basta de introducciones largas y aburridas. Se piden tiros, fuego y el Squad va por eso.

Una de las principales inspiraciones del director para crear su versión del Suicide Squad fueron películas de acción como Rambo (1982) o Predator (1987), además de las mil influencias que pueda tener su mente tan dedicada a hacer un cine, como mínimo interesante. Remarco puntualmente esas pelis que tanto amamos y que se fueron perdiendo entre las producciones modernas porque James Gunn supo combinar genial a estos personajes que son todos muy locos e impredecibles en una clásica peli de guerra old school, tirando paredes por momentos con el cine clase B y una total libertad para reventar cuerpos y mostrar muertes re crudas que obviamente deben suceder y por qué no también verse debido al contexto de una guerra entre villanos con habilidades sobrehumanas. Y sí, otro de los puntos para diferenciarse con la anterior que fue calificada PG-13 para abarcar más edades en las salas del cine, mientras que acá tenemos una calificación R sin ningún tipo de problemas.

El reparto y el despliegue técnico de esta película es una locura. Está bien invertida la guita señor Warner. Pero para destacar en The Suicide Squad que está poblada de actrices y actores de todas partes del mundo, sin dudas son los trabajos de Viola Davis, Margot Robbie y Joel Kinnaman como los que regresan a sus papeles del primer film. Harley Quinn casi en piloto automático, sorprendiendo con cositas nuevas que se le suman al desarrollo de su personaje, pero con Amanda Waller y Rick Flag ganando mucha más presencia en esta nueva interpretación de sus personajes con momentos que realmente pueden lucirse, principalmente la oscarizada Davis que se roba muchas escenas. De los nuevos podría hacer un top entre Idris Elba (Bloodsport) que es una bestia, con un guion más o menos digno sabemos lo que es capaz de hacer, John Cena (Peacemaker) que llegó al Universo DC para quedarse, ya con esta peli y su personaje como otro de los grandes hallazgos del ojo clínico que tiene James Gunn para rescatar personajes raros de los comics y el legendario Doctor Who, Peter Capaldi como The Thinker. Obviamente lo de Sylvester Stallone como King Shark es ese plato de más que comiste porque todo estaba muy rico. Tener a Rocky, una leyenda del cine prestando su voz en un personaje bomba como el Rey Tirubón, es un golazo. La portuguesa Daniela Melchior, el mexicano Joaquín Cosío y el argentino Juan Diego Botto le sumaron color a la película, sus acentos que unirán más a la audiencia internacional y cositas muy buenas que le terminaron sirviendo a la historia.

The Suicide Squad es la demostración de que la confianza a un director y la luz verde para explotar su identidad creativa funcionan casi siempre bien. James Gunn es un cineasta ya consagrado dentro del género y todo indica que tendrá muchas cosas más por delante en los dos universos más importantes. Son 2 horas clavadas de entretenimiento, en donde se unirán los fans de DC, pero también los que bancan a Gunn por los Guardianes y Marvel. Una situación impensada, pero hasta el momento puede proclamarse como el único director que juega en ambos equipos. Sí, un poquito de tristeza por David Ayer que seguro al ver esto, mínimo deberá pensar en lo que pudo haber sido su Escuadrón Suicida, pero el 2021 quedará como el año en que James Gunn clavó un éxito para DC.

PUNTAJE: 8/10