Con el revival que brindó Netflix y la inminente ampliación del universo que se está por venir, gracias a Avatar Studios, es una buena oportunidad para hablar de la primera expansión del universo en el comic “La Promesa”

Desde el final de la serie en 2008 muchos se preguntaban cómo continuaría las aventuras del equipo Avatar. En el 2010 Nickelodeon y Dark Horse se unieron para empezar a planear la historia y en el 2012 el primer tomo de La Promesa salió a la venta. Escrito por Gene Luen Yang (New Super-Man), ilustrado por el equipo de Gurihiru Studios (Unbelievable Gwenpool) con la historia y supervisión de Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko​ (los creadores de Avatar). 

La historia interconecta con el final de la serie continuando inmediatamente en dónde se dejó, para después hacer un salto de un año. Gene Luen Yang logra crear una historia sobre nacionalismo, colonialismo y apropiación cultural. Todo centrado en el tema del peso del liderazgo. 

Zuko ahora siendo el Señor del Fuego intentando reparar el daño que su nación le causó al mundo y a su vez sin dejar de protegerla o que se le oprima. El Rey Kuei intentando ser el rey que su pueblo espera y esperaba cuando estaban en guerra. Y Aang habiendo salvado al mundo, ahora intenta regresarlo a como solía ser antes de la guerra, sin reconocer que es imposible que las cosas regresen a ser como eran antes. 

El principal conflicto emocional de la historia gira en torno a Zuko pidiéndole a Aang que le prometa que si ve que él empieza a volverse como su padre, que Aang no dude en acabar con su vida. Mientras que el conflicto “físico” se enfoca en la re-ubicación de las colonias de la nación del fuego en el reino tierra. Pero cuando se llega a la primera colonia -Yu Dao-, vista en el episodio “El Avatar y el Señor del Fuego” (S03E06) Zuko se presenta con una completa nueva perspectiva, viendo ciudadanos de la nación del fuego y el reino tierra viviendo en armonía, comprende lo que esto puede significar para el futuro.

La historia cuenta también con una subtrama de Toph comenzando una escuela de Metal Control y una de Aang conociendo a un grupo de fanáticas de él, dedicadas a mantener viva la cultura de los nómadas aire. La historia del metal control es entretenida y cuenta con varios momentos de humor, pero la misma abarca mucho tiempo y distrae del arco principal. La de las fans de Aang es pequeña y presenta un breve momento de conflicto a Aang, con la idea si estas fans están apropiándose de su cultura o apreciándola.

Gene Luen Yang logra hacer un buen trabajo balanceando los temas y el conflicto. Algunos, muy pocos, de los diálogos pueden sentirse algo rígidos o fuera de lugar para los personajes. Al mismo tiempo el ritmo y las transiciones de una historia a otra no son tan prolijos como podrían ser.

El arte de Gurihiru encapsula perfectamente la estética de la serie, desde la expresividad de los personajes, la fluidez de las peleas y el cómo encarar los momentos trágicos y emotivos. Logra evocar de una manera simplista pero eficaz la fusión cultural de Yu Dao, representada principalmente en la arquitectura del lugar. Gurihiru toma ventaja del medio secuencial del cómic para presentar algunas composiciones de batallas reminiscentes a impresiones de batalla japonesas. 

La mayor desventaja del arte, la única, es la diagramación de las peleas. Es inevitable compararlo con la serie, donde las peleas eran claras y fluidas. Uno podía ver y apreciar los movimientos de los personajes y su posición en el entorno. Lamentablemente esto no es algo que se traduce con mucha facilidad en el cómic, las peleas son divertidas y dinámicas, pero carecen de la misma prolijidad que daba la animación. 

A pesar de que la perfecta caracterización de los protagonistas y entretenidas historias, el conflicto personal de cada personaje no es necesariamente nuevo o interesante. Muchos simplemente vuelven a enfrentar viejos dilemas –Como Aang luchando contra la idea de tener que terminar con Zuko debido a su promesa y lo significa esto a su vida como nómada de aire- El conflicto más nuevo e interesante, a su vez el ancla de todo el arco, es el de Zuko. Lidiando con el peso de la corona y su responsabilidad moral con el mundo y su gente. Éste arco tiene una gran resolución y es el catalizador que da comienzo a la segunda historia, “La Búsqueda.” 

No obstante, el equipo presenta un gran primer comienzo para los cómics de Avatar. Uno mientras lee no puede evitar escuchar las voces de los personajes y la música de este universo. Se siente una continuación natural de la historia, con un conflicto real a encarar y comienza a plantar semillas que se verán luego en Korra. 

La Promesa no será perfecta, pero es una lectura que todo fan de la serie debe darse el gusto de leer