No hay nadie que pueda negar que los tiempos de coronavirus vinieron a cambiar muchas cosas. Desde proyectos y planes a las formas de comunicarnos; desde la forma de relacionarnos hasta las formas de llevar nuestra rutina en el día a día. La música no fue la excepción y Weezer lo demuestra con OK Human, un disco que surge casi de manera espontánea y aparece inesperada a principios de este año, convirtiéndose en el álbum sucesor al (polémico para los fans) Black Album de 2019. Al parecer, la banda nos está acostumbrando a hacer de lo inesperado una buena señal, como fue su cover de Africa de Toto de 2018 que volvió a poner al grupo en un foco que hacía varios años que no veía. 

Lo más interesante detrás de este disco es que su origen y su concepto surge y se desarrolla a partir de la pandemia. Tras la necesidad de cancelar el Hella Mega Tour -la gran gira que el grupo tenía destinada a realizar junto a Green Day y Fall Out Boy– y, a su vez, el retraso de Van Weezer, la banda debió someterse al aislamiento junto a todo su público y el mundo entero. Y si bien lanzaron Hero como segundo corte de este disco detenido y aprovechando el contexto de todas aquellas que formaban parte de ayudar y luchar contra esta situación, pronto empezaron a trabajar en un proyecto que funcionara como parte de todo este nuevo panorama alrededor del planeta.

Así, Weezer termina gestando y presentando OK Human: un disco de 12 canciones que recorre varias emociones y estados atravesados por la cuarentena. Haciendo juego con el título del mítico disco de Radiohead, OK Computer, este disco termina resultando en una suerte de comentario sobre la hiperconectividad, la falta del contacto humano, el aburrimiento y la tristeza del encierro. Esta oposición también se refleja en la producción: si el disco del grupo inglés era un acercamiento a desarrollar un sonido con fuerte influencia en la electrónica, los sintetizadores y las máquinas, Weezer elige la influencia de discos como Pet Sounds de los Beach Boys para hacer algo cien por ciento analógico: de ahí la gran base sonora en instrumentos de cuerdas como violines, contrabajos y piano.

“Todas mis canciones favoritas son lentas y tristes”, canta Rivers Cuomo al abrir el disco con All My Favourite Songs. También fue el primer single en darse a conocer y el primer videoclip, donde ya se dejaba ver la importancia de esta “nueva realidad” que implica el encierro, el . Luego tenemos una dupla que se podría decir que funcionan juntas como un relato de la cuarentena. Mientras que con la melodía pegadiza de Aloo Gobi cantan a las “mismas y aburridas rutinas”, en Grapes of Wrath aluden a leer audiolibros y varias obras literarias como 1984 y Moby Dick.

Al mejor estilo de sueño en clave Black Mirror, la canción titulada Numbers es una reflexión sobre las calificaciones numéricas que acostumbramos a acuñar a todo lo que podemos: “siempre hay un número que te hará sentir mal con vos / intentas medir, intentas medir a otros”. Más allá de la temática contextual que atraviesa el disco como columna vertebral, esto es posible que haya despertado una sinceridad en las letras de Rivers que remite al segundo disco y a uno de los más importantes en la carrera del grupo: Pinkerton, de 1996. Ya con otra edad y otras vivencias, Cuomo canta con una total honestidad, llevando a que las canciones puedan llegar a tener un aire totalmente “naif” como en Aloo Gobi o Grapes of Wrath o solo querer tocar un instrumento como Playing My Piano, también llega a liquidar todo tipo de esperanza como se escucha al final de Mirror Image: “el cielo le dio la espalda a este sujeto / el cielo le cerró las puertas a este sujeto”, un final pesimista que se escucha al final del track como si fuera un audio perdido, una reflexión abandonada.

Creo que Screens habla por sí sola: si Mirrors eran la evaluación numérica en internet y en en absolutamente todo, este tema se acerca a las pantallas: “ahora el mundo real está muriendo / a medida que todos se mueven a las nubes” (iCloud o Google Drive, ¿son ustedes?). Por último, luego de la última línea de “everybody stares at their screens” (todo el mundo fijado en sus pantallas), cierra con un “I miss my friends / I miss my family”. 

Bird with a Broken Dreams es quizás uno de los puntos más altos del disco. Una gran influencia de la música y el cancionero de los ‘80 marca una de las canciones más pegadizas como sensibles del disco. Luego de Dead Roses y del pequeño interludio de Every Happens for a Reason, llega Here Comes the Rain para traer cierto tipo de positivismo o algo similar a una “limpieza” emocional: “aquí llega la lluvia / llevará todos mis problemas fuera”. Por último, “La Brea Tar Pits” cierra el disco con una alusión al ser seres mortales y la importancia de lo mucho que tenemos para dar: “’Cause I’m sinking in the La Brea Tar Pits / And I don’t want to die ‘cause there’s still so much to give” (“porque estoy hundiéndome en alquitrán y no quiero morir porque todavía tengo mucho por dar”).

De manera casi sorpresiva e inesperada, Weezer logró dar con un disco que explora una nueva forma de música que les sentó bien, dando posiblemente con una de las mejores producciones y discos de su carrera. A diferencia de quizás otros de sus trabajos, cuánto más se escucha OK Human, más gusta y más cosas hay para encontrarle. Aunque lo más importante es una sola cosa: estamos ante uno de los mejores retratos de la pandemia hecho disco.