Cuando aparecen películas con un cast de calidad y trayectoria aprobadas en Hollywood, todos los cinéfilos del mundo comienzan a poner dicho título en sus listas para que su estreno no se les pase por alto. La expectativa empieza a incrementarse cuando también se tienen en cuenta a quienes están detrás de las cámaras (Director, guionistas, los directores de fotografía y el compositor de la banda de sonido), y ese es el panorama con el que venía Pequeños Secretos, la nueva película de John Lee Hancock que nos lleva a los años 90 en Los Ángeles y nos sitúa en un panorama de desapariciones y femicidios múltiples para los que la policía local no encuentra salida. El Detective encargado de resolver estos casos es el incipiente oficial Jim Baxter (Rami Malek) que terminará solicitando la ayuda de Joe Deacon (Denzel Washington), un viejo detective que ahora ocupa un rango menor en un pueblo aledaño a la ciudad y que supo lidiar con un caso similar en su juventud. Juntos intentarán descifrar las pistas que dejan los cadáveres y al mismo tiempo lidiar con las secuelas que este caso, como aquel, supieron dejar en nuestros protagonistas.

Por la propuesta establecida en un primer momento, nada de lo que nos pudiese ofrecer la trama sería algo que no hubiésemos visto antes en películas cómo, por ejemplo, las de David Fincher, pero sí con una gran calidad asegurada. Bueno, lamentablemente para todos y todas, las expectativas no sólo no son superadas sino que tampoco podrían ser alcanzadas cómo para definir esta película como mediocre, sino que peor. A lo largo de las dos horas de duración del film, las emociones son permanentemente opacadas con decisiones irrisorias de guion y empeoradas aún más (si, es posible) por algunas de las actuaciones de los protagonistas. Y eso al ser una constante y no una excepción le juega totalmente en contra al clima en el que la película quiere que entremos. Casi como un autoboicot.

Joe “Deke” Deacon (Denzel Washington) interrogando a Albert Sparma (Jared Leto)

La historia termina careciendo de importancia en su resolución ya que en el medio de la propuesta y sin ningún tipo de razón o sentido, nuestros protagonistas comienzan a actuar de maneras injustificables por el poco background que tenemos de ellos (incluso teniéndolo sería injustificable). Ahora bien, todo esto hablado desde su ejecución pero ¿está mal querer jugar a ser una cosa y terminar siendo otra? No, para nada. Pero las bases tienen que estar lo suficientemente bien establecidas como para que en el punto medio del relato todo logre tener un sustento comprobable para que el espectador tenga los conocimientos necesarios para que todo cierre. La parte estética es correcta, entre la fotografía y la música (que alterna buenas y malas), ya que el ambiente que quieren establecer es el correcto y su montaje y edición ayudan a pasar el suplicio que se cuenta. 

Claramente aquí el problema es de guion y una vez que eso falla es muy difícil cambiarlo. Claro que si al menos hubiesen actuaciones convincentes otro sería el cantar pero éstas tampoco están a la altura. Un Denzel Washington en piloto automático, actuando de lo que le gusta (o que al menos tanto tiempo hizo), Rami Malek haciendo un papel que no le sienta bien para nada y la participación de Jared Leto como el “villano” que, si bien deja todo en su rol, no está pulido lo suficiente y lejos de pensar “ bueno, quiero seguir viendo más de este personaje” lo único que el espectador puede hacer es preguntarse la razón por la cual su construcción es tan estereotipada e insulsa.

¿Qué es Pequeños Secretos? Una película fallida, inundada de clichés del género y una ambigüedad que no funciona para la duda existencial interna del espectador sino la duda superficial de no saber qué es lo que termina ocurriendo. Es posible que se consuma masivamente y en plan de disfrute y relajo, pero su recuerdo será fugaz cómo las estrellas que contrataron en lugar de mejores guionistas.

PUNTAJE: 4/10