Con el lanzamiento de la nueva serie animada de INVINCIBLE y con The Walking Dead en la tele llegando a su fin, es una excelente oportunidad para darle una mirada al más reciente comic de Robert Kirkman. 

“El viaje de Owen Johnson a China para aprender sobre sus padres biológicos finalmente lo lleva a un misterioso Templo Shaolin. Los estudiantes allí estudian para redescubrir el Poder de Fuego, el arte perdido de lanzar bolas de fuego. Un poder que afirman será necesario pronto para salvar al mundo. ¿Será Owen Johnson la primera persona en mil años en ejercer el Poder de Fuego?” 

Antes de arrancar con la reseña de los primeros dos volúmenes de este título vale la pena resaltar algunos aspectos de su desarrollo y lanzamiento. Kirkman comenzó a trabajar en esta serie, junto al artista Chris Samnee a principios del 2019 y a comienzos del 2020 ya tenían más de 15 números producidos, pero sin publicar. Kirkman aprovechó esto para aprender de los “errores” cometidos con el lanzamiento de su título Outcast que salió durante el apogeo de The Walking Dead y a pesar de su calidad nunca logró alcanzar las expectativas impuestas en él.

Fire Power se decidió lanzar con un número #1 gratis (se dio en Free Comic Book Day) y un tomo recopilatorio de 160 páginas funcionando como precuela al número #1. Así de esta manera, el lector tenía una panzada de material para sumergirse en esta historia. Y todo esto en plena época de pandemia dándole una mano a las comiquerías que en esos momentos de verdad lo necesitaban.  Sabiendo esto, es notable el contraste que se genera en el Vol. 1 con el Vol. 2.

El primer tomo “Preludio” es una clásica y cliché introducción al mundo de artes marciales. Protagonista con pasado misterioso llega a la cima de una montaña para encontrar este místico templo. En la superficie no hay mucho novedoso, pero hay pequeños elementos que pasan algo desapercibidos hasta que la historia misma los resalta, como un anciano maestro usando un par de Air Jordan.

El comic comienza de forma silenciosa, con las primeras 11 páginas completamente mudas. El arte de Samnee te abraza y te va encapsulando para que cuando lleguen los diálogos de Kirman, sean todos energéticos y atrapantes haciendo que uno quede inmediatamente enganchado del todo, mientras más hablan los personajes, más los vas queriendo. El arte de Samnee genera momentos muy preciosos de mirar y disfrutar, desde gigantes paisajes a momentos íntimos de los personajes. El mismo tal vez no sea para todos. Tiene un enfoque más “minimalista”, en especial en las expresividades de los personajes, pero esto le da un encanto “animado” al comic. Y al llegar el momento de las peleas su arte estalla, siendo grande, dinámico y muy entretenido.

A pesar de todos los clichés del género presentes el guion de Robert, es lo suficientemente fuerte para mantenerte enganchado y enfocado principalmente en el personaje y su viaje. Esto acompañado con el arte de Chris genera un comienzo muy entretenido para esta saga. En cuanto al segundo volumen (“Home Fire”), este comienza 15 años después con Owen ahora como un hombre de familia, viviendo en los suburbios con su mujer e hijos y por algún motivo habiendo abandonado su vida de artista marcial. Pero todo cambia cuando su pasado lo encuentra y su familia se pone en peligro. 

Este tomo presenta varios personajes nuevos; Doug el hijo menor fan de los videojuegos, Haley su hija mayor una joven adolescente y su mujer Kellie oficial de policía que conoce del pasado de Owen. Claramente de estos el más “innovador” es Kellie, familiarizada con el pasado de su marido y a su vez entrenada por Owen, le da un aire fresco a la relación. Los hijos son simpáticos, pero por el momento no presentan nada novedoso que los haga destacar, Haley tiene varios lindos momentos con su padre, pero no mucho más. 

Este segundo tomo tiene una ligera decaída en comparación al primero. Los diálogos de Kirkman siguen siendo buenos, pero se empieza a notar que casi todos los personajes tienen diálogos muy “bromistas”, será algo menor, pero notable. El arte también presenta pequeños problemas, acá las secuencias de peleas son un poco más desprolijas, siguen fáciles de seguir, pero no tan dinámicas como antes. A pesar de estos aspectos, sigue siendo una lectura atrapante, Kirkman se enfoca al 100% en los personajes y sus problemas “reales” mientras lentamente va desenredando el misterio de ¿Por qué Owen abandonó el templo?

El color de Matt Wilson (Paper Girls) es algo que verdaderamente vale la pena remarcar con un laburo que verdaderamente resalta el arte de Chris pero al mismo tiempo hace un gran trabajo de contrastes entre colores cálidos y fríos, en su mayoría visibles pero hay varios invisibles que uno no percibe en una primera mirada como las vestimentas de personajes o algunas locaciones.

En primera instancia Fire Power parecerá un cliché y copia de otras historias del género de artes marciales, pero uno no puede evitar quedar atrapado por el arte y encariñado por los personajes. Presentando un mundo conocido, con personajes reales y un enigma que nos mantiene intrigados. Le falta la vuelta de tuerca que le de más contexto a la historia, pero sin lugar a dudas es un comic que hay que tener presente.