Co-escrita y dirigida por Guy Ritchie (Snatch, Sherlock Holmes) llega los cines de nuestro país Los Caballeros (The Gentlemen, 2019), una película en la que la trama gira entorno a Mickey Pearson (Matthew McConaughey), el máximo comerciante clandestino de marihuana en Londres pero que ya cansado de lidiar con el peligro decide intempestivamente retirarse. Claro que no sin antes vender toda su producción, entonces él comenzará a escuchar las diferentes ofertas de distintos líderes criminales de la ciudad. Pero no todos estos capos del crimen estarán de acuerdo con lo que Mickey pide y estos empezarán una puja por sus negocios por detrás de él que terminarán atentando contra su vida y sus aliados.

Parece increíble que el artífice de este film haya sido el mismo que se encargó de hacer la remake live action de Aladdin. Este film tiene muchos más aspectos similares a lo que Ritchie logró consolidar a lo largo de su carrera que lo que se logró ver en su última película y de la mano con esto, en cada toma, plano y diálogo que es llevado a cabo se nota un sentimiento completamente diferente. En esta oportunidad Ritchie diagrama una película que es violenta, graciosa y elegante en partes iguales y establece de una gran manera que todas esas apreciaciones interactúan y dialoguen entre sí de una forma completamente normal y hasta natural. Gracias a la impronta de una narrativa totalmente particular y singular, la película logra establecer las reglas con las que va a jugar promediando la hora de metraje y en ella logramos conocer todo: los personajes, sus motivaciones, con qué armas cuentan cada uno y que nivel de jerarquía ocupan en sus diferentes sectores.

El uso de elementos metacinematográficos le da una esencia única en la que la película por momentos de burla de ella misma, de otras cintas del mismo estilo e incluso hasta de su director. Cada plano, cada toma y cada encuadre está establecido con una delicadeza poco propia del cine que trata estos temas, pero que le viene como anillo al dedo a ésta película por el discurso que los personaje mantienen y los ideales que sostienen. De la mano con esto todo lo que conforma el aspecto estético del film cumple con las reglas propuestas por su director. Todo es elegante y todo está coordinado, los planos, el montaje, la fotografía y el vestuario. Cada uno de los elementos que componen la puesta en escena está perfectamente equilibrado y nada está fuera de lugar formando una armonía que se da en todos los aspectos. También a la hora de la acción la re-masterización de ciertas canciones le dan un plus, necesario, para que cuando la tensión por persecuciones, explosiones, etc, sean un ciento por ciento cautivantes, atrayentes y deslumbrantes. La única mancha que puede tener el guion es la cantidad, por momentos excesiva, de giros en la trama en cuanto a la ruptura de la cuarta pared en donde al espectador le puede llegar a costar determinar qué sucedió, qué pasó antes y después y cómo terminó todo.

En cuanto a las actuaciones, cada uno de los participantes en la película cumple con creces e incluso podría decirse que dan más de lo que se podía esperar. El papel principal no podía haber caído en mejores manos que las de Matthew McConaughey que demuestra una vez más que con un buen guion que lo sostenga, su intensidad y la capacidad que tiene para convencer a la audiencia es infalible y no falla. Luego de que él se luzca en cada uno de los momentos en los que aparece, el resto del elenco entiende a la perfección el rol que tienen que tomar y cada uno aprovecha esos momentos. Colin Farrell, Charlie Hunnam, Michelle Dockery, Henry Golding, Hugh Grant y Jeremy Strong completan el elenco plagado de estrellas de esta cinta y cada uno logra hacerse con el personaje y se vuelve imposible pensar en otro para ocupar su lugar y sobre todo, y más importante, le dan al espectador una necesidad instantánea de querer saber más de esos personajes y cómo fue que terminaron jugando al juego mafioso del bajo mundo londinense. La pareja de Hunnam y Grant consolidan la mejor dupla de todo el film pese a los contados momentos en los que están juntos pero cada una de sus intervenciones dan ganas de más.

Los Caballeros es una película violenta, sangrienta, graciosa, refinada y con un valor estético de alto nivel. Guy Ritchie regresa al cine que le gusta, al que mejor le sale y lo hace de una manera soberbia y tranquilamente podría plantear continuar con la historia que construyó.

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