Luego del trunco comienzo y finalización del Universo Oscuro de Universal (Dark Universe), los monstruos clásicos y emblemáticos del cine quedaron a la deriva. Allí fue donde Jason Blum, CEO de Blumhouse (una de las productoras que más apuesta al terror), decidió encargarse de tomar prestado a un personaje como El Hombre Invisible para re-imaginarlo y adaptarlo a una época totalmente diferente a aquel hombre que necesitaba vendas blancas para que se lo pueda distinguir.

En esta adaptación de The Invisible Men la historia se posará en Cecilia (Elisabeth Moss) una mujer que vive atormentada bajo las presiones y agresiones de su esposo Adrian (Oliver Jackson-Cohen) y que una noche decide escaparse definitivamente de su casa y de su constante hostigamiento. A pesar de que su escape sea exitoso y del posterior suicidio de él, Cecilia comenzará a sentir y percibir que alguien la está acosando y le comenzará a hacer la vida imposible a tal punto que la paranoia en ella aumentará sustancialmente alejándola de sus amigos y familiares. Cecilia deberá enfrentarse a una amenaza que no puede ver para liberarse de una vez por todas de su sufrimiento, pero los caminos por los que transite serán tan peligrosos que su vida puede llegar a peligrar.

Suele suceder que cuando una película involucra una presencia sobrenatural, el foco del film está posado sobre la persona encargada de darle vida a esa presencia. En el caso de El Hombre Invisible pasa todo lo contrario y de una manera casi perfecta. Escrita y dirigida por Leigh Whannel, ésta adaptación tiene aciertos por casi todos lados pero algunas pequeñas fallas que no le permiten ser una película brillante. Por el lado de los aciertos hay que decir que hoy por hoy es difícil de encontrar una cinta de terror que realmente genere miedo, incomodidad y suspenso y ésta lo logra a la perfección desde el momento uno. Con un gran balance entre esos aspectos y unidos por un guion que no le da miedo apuntar a la desesperación del espectador la tensión en la pantalla crece hasta un punto en donde la paranoia de los personajes traspasa la pantalla y se empieza a sentir en la gente que está en las butacas. Toda esta gran conjunción de sentimientos se ve en la mayoría de las escenas de la cinta y con eso tiene mucho que ver la decisión de ocultar elementos en la puesta en escena que ayudan a generar emociones, a crear atmósfera y a no poder pestañar en cada encuadre porque la búsqueda por encontrar alguna pista de donde está quién no se puede ver es instantánea. También hay un elemento que suele ser clave en las películas de terror pero que son más las veces en las que está mal ejecutado que bien y esos son los jumpscares. Aquí, esos pequeños sustos bruscos están perfectamente realizados por el simple hecho de ser totalmente impredecibles e instantáneos que no le dan lugar al espectador de saber que es lo que los personajes van a hacer. Un último pequeño detalle a favor es el humor, un aspecto clave y necesario para poder bajar tensiones y que la trama logre fuir sin mayores dificultades y que en ésta ocasión no tiene chistes fáciles o burdos, sino que son naturales y en ningún momento exagerados. 

Las únicas cosas que uno podría «reprocharle» a la película son cuestiones estrictamente de guion ya que a lo largo de las casi dos horas de duración las ventanas y puertas que se abren en la trama son muchas y sus resoluciones no son del todo convincentes sobretodo la que le da un cierre a la historia central y si bien son cuestiones mínimas empañan todo el trabajo se logró ver previamente. También hay algunos detalles en la sucesión de los eventos que rompen un poco con el propio verosímil de la película que terminan haciendo bastante ruido a la hora de analizarla, defectos que suelen tener estas cintas pero que acá por la calidad del resto del metraje le juegan bastante en contra.

Las actuaciones del film son todas muy sólidas y no hay ningún interprete que se sienta fuera de lugar. Pero todas las luces se la lleva la gran Elisabeth Moss (Mad Men, The Handsmaid Tail) que se pone la película, casi en su totalidad, sobre sus hombros y se luce en todo momento demostrando por qué es de las actrices más solicitadas de la industria. Ella como cara más visible y reconocida cumple desde el momento inicial y a su sólida performance se le suma la de Aldis Hodge que en un rol completamente secundario logra que el público pueda verse reflejado en su papel.

El Hombre Invisible es una más que digna adaptación del clásico literario y cinematográfico. La posibilidad de usar cómo canal una película de terror para transmitir un subtexto tan claro, tan real y necesario y que esté tan bien realizado es realmente algo que vale la pena destacar. Las re interpretaciones de las historias clásicas deben venir junto con realizadores que entiendan cómo pueden adaptarse a los contextos actuales cómo para que cada generación tenga su versión perfecta, o casi, y este Hombre Invisible lo es para ésta.