Taika Waititi se mete en boca de todos interpretando una versión satírica de Hitler en plena Segunda Guerra Mundial. 

Gracias a su peculiar sentido del humor y a una puesta en escena que denota una propuesta autoral de inmediato, la filmografía de Taika Waititi ha tomado una relevancia preponderante para un sector cinéfilo bastante importante y se lo ha considerado a él como a uno de esos directores a los que siempre hay que tenerlos en cuenta cuando estrenan una nueva película. Con un crecimiento exponencial en cuanto a proyectos Taika supo superar la barrera del cine independiente para desembocar en, quizás, la productora más mainstream que exista hoy por hoy cómo es Disney, quien le dio la oportunidad de lanzarse a la fama mundial de inmediato luego del lavado de cara que le dio a Thor en su tercera película (Thor: Ragnarok, 2017). Pero ahora, el reto que se propuso Taika Waititi es aún más superior que el de convencer a los fanáticos de Marvel de su visión de un personaje clásico. Meterse de lleno en la consideración popular definitivamente es su misión y lo hará nada más ni nada menos que interpretando a uno de los verdaderos supervillanos que supo dar la historia como lo es Adolf Hitler pero de una manera que parecería ser perfecta para lo que el director: haciendo de un amigo imaginario de un nene de 10 años.

Adaptando la novela «Cagin Skies» de la autora belga Christine Leunens, Taika Waikiki se encarga de dirigir, guionar y protagonizar Jojo Rabbit (2019), una historia que se centra en la Alemania nazi en la última etapa de la segunda guerra mundial y que tiene cómo protagonista a Jojo Betzler (Roman Griffin Davis), un niño que vive con el principal objetivo de ser un soldado nazi. Jojo, quién vive con su madre (Scarlett Johansson), está tan enfocado en su cometido que se la pasa pensando en cómo aportar en la guerra y él cuenta con la ayuda particular de tener como mejor amigo, de manera imaginaria, al mismísimo Adolf Hitler (Taika Waititi) quién lo alienta todos los días para que logre convertirse en ese soldado que él tanto pretende. Pero todo empezará a cambiar para Jojo cuando de buenas a primeras descubra que en su casa se encuentra escondida Elsa (Thomazin McKenzie), una joven judía a quién su madre decidió darle refugio. A partir de ese momento Jojo comenzará un debate interno sobre su nacionalismo ya que comenzará a darse cuenta de que sus presuntos enemigos no lo son tanto.

Taika Waititi demuestra con este filme que está para producciones realmente importantes, ya que logra concretar una película que no tiene fisuras y que gracias al mejor guion de su carrera genera emoción y comedia en partes iguales. Tomando elementos de diferentes películas que tratan la segunda guerra mundial desde un costado diferente a los estrictamente bélico, cómo pueden ser Bastardos sin Gloria (2009) o La Vida es Bella (1997) y algunas cuestiones estéticas que pueden asemejarse a Moonrise Kingdome (2012), una de las mejores obras de Wes Anderson, Takiki logra combinar de la mejor manera los aspectos dramáticos para que el espectador logre emocionarse cuando es debido y que produzca las carcajadas necesarias cuando la historia lo amerite. Gracias a éste gran mix de géneros la película en ningún momento peca de pretenciosa ni de solemne y mucho menos de pesada, ya que la construcción del relato es dinámica y lo que puede verse en pantalla entretiene en todo momento. También hay que destacar la valentía que toma el director en ciertos momentos y que gracias al humor ácido y a los chistes negros esas decisiones cobran aún más sentido que en sus películas previas.

El gran ganador de ésta película es el joven protagonista Roman Griffin Davis quien haciendo su debut en la gran pantalla demuestra que es un chico al que hay que tener en cuenta a futuro porque su techo parece estar ubicado muy, muy arriba. El logra transmitir en cada gesto y en cada forma de pronunciar sus diálogos la premisa tan compleja de poder representar a un niño que tiene un odio enorme pero al mismo tiempo un gran amor. Esa dicotomía que se produce en el guion se ve reflejada permanentemente en rostro y logra que uno desde la butaca logre por partes iguales empatizar con él y ver el lado más nefasto de la propaganda nazi y cómo se le «lavaba el cerebro» a la gente, siendo Jojo uno de ellos. El elenco logra estar a la altura de todas las expectativas y de una manera super armónica todas las partes de un laureado cast tiene el momento justo para brillar. A los mencionados Waititi, Johansson y McKenzie se les suman Sam Rockwell, Rebel Wilson, Alfie Allen y desde un rol mucho más secundario logran crear buenas interpretaciones para personajes muy complejos.

Taika Waititi logra convertir a Jojo Rabbit en su mejor película hasta el momento gracias a una puesta en escena de un nivel superlativo y a la fuerza del guion para hacerle sentir al espectador sensaciones de todo tipo. Su gran elenco y una fabulosa interpretación de su joven e incipiente protagonista hacen que la película sea un disfrute puro de inicio a fin.

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