La saga más importante de la cultura pop llega a su fin.

La franquicia más redituable y trasgresora en la historia de la ciencia ficción llega a su fin. O por lo menos de la manera tal cual la conocemos, ya que sabemos gracias a producciones como The Mandalorian (2019)  que las variables para seguir investigando lo largo y ancho de la galaxia están lejos de ser finitas. Pero lo que tuvo un comienzo ahora debe tener un final, y lo que termina ahora es el arco principal de estas aventuras intergalácticas que solemos conocer como Star Wars o La Guerra de las Galaxias, en la que un apellido ha logrado repetirse a través de las épocas, los años y las generaciones: Skywalker. La historia que empezó con un joven esclavo vendedor de repuestos en Tatooine, que luego se centró en su hijo rebelde y más tarde en su nieto que eligió el camino equivocado llegó a su fin. A lo largo de 9 películas que desarrollan la trama principal de Star Wars es imposible no tener una cinta favorita, ya se en la trilogía original, en las precuelas (increíblemente) o en esta nueva saga de secuelas que comenzó en 2015 ya de la mano de Disney; y si bien todas tienen sus momentos buenos y otros que no lo son tanto, quienes consumen Star Wars saben que éstas películas van más allá de la aventura espacial. Amistad, esperanza, familia y legado son los pilares fundamentales con los que George Lucas logró establecer su imperio de aventuras espaciales, merchandising colorido y adeptos que supieron aprenderse cada nombre de cada especie de los personajes que supieron aparecer en cada película. Pero todo debe terminar y a la «Saga Skywalker» le llegó su momento. Luego de idas y vueltas en cuanto a quien sería su realizador y después de que el rumbo de la saga haya cambiado en su entrega número ocho de la mano de Rian Johnson, con quejas de muchos fanáticos incluidas, J. J. Abrams, quién fuera una pieza fundamental en ésta continuación de franquicia, regresa a la silla de dirección para darle el cierre definitivo a la historia de Anakin, Padmé, Obi-Wan, Leia, Luke, Han, Rey, Kylo Ren, C3PO y R2-D2 en Star Wars: El Ascenso de Skywalker (2019).

Luego de los sucesos que acontecieron en Los últimos Jedi (2017), la Resistencia a cargo de Leia Organa (Carrie Fisher) está más diezmada que nunca y estos se encuentran planeando un último ataque contra las fuerzas de la Primera Orden. Ahora con la asunción de Kylo Ren (Adram Driver) como el Líder Supremo, Poe Dameron (Oscar Isaac) y Finn (John Boyega) deberán encontrar en las tropas de la Primera Orden un espía que pueda brindarles la información necesaria para poder terminar con la opresión en toda la galaxia. Pero mientras todo este conflicto bélico sigue creciendo, una grabación empezará a hacer eco por todos los rincones del universo ya que dicho mensaje es enviado ni más ni menos que por el presuntamente muerto Emperador Palpatine (Ian McDiarmid). Kylo Ren intentará resolver el misterio que ésta grabación trae consigo y mientras todo esto tiene lugar,  Rey (Daisy Ridley) continua con su entrenamiento Jedi, perfeccionando sus habilidades y esperando que la guerra no la lleve por el camino que conduce al lado oscuro.

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Si había algo que rescatarle a Los Últimos Jedi era el hecho de querer cortar con la solemnidad que se tenía con respecto al legado, a la polarización de los puntos de vista y a cortar con algunos términos y conceptos que venían quedando medio desactualizados para poder crear un punto y a parte y desde ahí crecer y renovar el universo Star Wars. Pero como a gran parte del fandom más riguroso de la franquicia esos cambios no fueron recibidos de buena manera, los ejecutivos decidieron regresar a lo que J. J. Abrams logró plasmar en El Despertar de la Fuerza (2015). Con un estilo mucho más clásico que rupturista y con mucha más cercanía a los momentos clásicos que a otros innovadores con ideas frescas.

Con la vuelta de Abrams a la dirección y a su colaboración en la escritura del guión junto con Chris Terrio, El Ascenso de Skywalker (2019) baja el nivel narrativo de sus partes previas de manera considerable, tratando de borrar todo lo que sucedió en la película anterior e intentando crear un nexo directo entre la primera entrega de esta nueva trilogía salteando la que le siguió. Básicamente Abrams logra de una manera muy burda y descarada, borrar todos aquellos aspectos que bien supo construir Johnson en su película y vuelve a dedicarse a homenajear a la trilogía original más que a plantear escenarios nuevos que puedan servir como bases para un futuro en el «Universo Star Wars». No contento con esto, la película tiene un arranque en donde el montaje muestra escenas que no tienen ningún tipo de relación con la trama que se venía manejando y de buenas a primeras se presenta una historia que desde el arranque está muy mal contada. Esas cuestiones que parecieran tener poco sentido, continúan a lo largo de toda la película  y una vez establecido este escenario no tardan en llegar los huecos argumentales y personajes nuevos con poco sentido argumental y que para colmo están pésimamente desarrollados. Durante casi todo el relato Abrams pretende convencer al espectador utilizando la nostalgia como herramienta principal. Todos los momentos que pretenden ser emotivos, la mayoría no lo consiguen, van acompañados una vez mas de la banda sonora de John Williams y es sólo por esos maravillosos acordes que la emoción puede atravesar la pantalla. Algo similar pasa con el humor, un aspecto más que valorable de la trilogía original que supo envejecer de la mejor manera con el paso del tiempo, pero que en ésta última trilogía ha ido cayendo de una manera muy notoria. ¿Se deberá ese último aspecto a la intervención de Disney? quedará en cada espectador si las risas que le producen, pocas o muchas, son verídicas y memorables o pasajeras e inducidas.

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Algo muy positivo y rescatable de la película es que nunca se torna aburrida en sus casi dos horas y media de duración. En base eso se debe al montaje vertiginoso que tiene pero por sobre todas las cosas a una decisión plenamente de guion que es el de abocarse estrictamente a la aventura cómo pocas veces antes dentro de toda la franquicia. La cantidad de naves, criaturas, soldados, batallas y combates hacen de la película un entretenimiento garantizado más allá de todas las fallas que se puedan tener en la estructura. Eso sí, el replanteamiento de la obra una vez finalizada la función va a ser inevitable hasta para el fan más devoto.

En lo estrictamente cinematográfico la puesta en escena, la fotografía y el manejo de cámara no logran estar al nivel que venían teniendo. Ni siquiera vale la comparación con Johnson, puesto que él es un autor hecho y derecho y eso se vio plasmado desde un primer momento en su película, sino que tampoco con los trabajos previos del propio Abrams. El aspecto visual es algo en lo que Star Wars siempre ha sido precursor, en cuanto a la implementación de nuevas tecnologías para crear escenarios, criaturas y demás, siempre han estado a la vanguardia. Osado sería decir que lo visual en ésta película no está a la altura pero si hay que marcar que no es la mejor versión de lo que el CGI o efectos pueden lograr. Hay partes en particular en las que lamentablemente rozan lo vergonzoso.

Las actuaciones vienen por el mismo camino que las entregas anteriores teniendo a Adam Driver y Daisy Ridley como principales exponentes y aprovechando sus minutos en pantalla, que dicho sea de paso, tienen bastante menos que en las otras dos cintas. El resto del elenco no termina de convencer por cuestiones estrictamente de guion y desarrollo de personajes. Decisiones que se toman, cambios en personalidades y demás se adhieren a los actores y actrices y no se logra generar ni el mas mínimo vínculo con ellos.

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El desenlace de la histórica saga de Skywalker no logra ser el cierre que se venía prometiendo ni el que la propia historia venía pidiendo. Con factores que atentaron contra la realización concreta de la trilogía y con más de un cambio «ejecutivo» en el medio, el desarrollo de la trama para la finalización de una historia que engloba más de 40 años no logra ser el indicado y deja mucho que desear. Aún así la película logra entretener y es disfrutable pero inmediatamente cuestionable y debatible por los caminos que se tomaron para llegar a un final que busca más conmover desde los conceptos del pasado que abriendo las puertas hacía nuevos destinos. El futuro de Star Wars, en teoría, está lejos de la familia Skywalker veremos que rumbo toma la franquicia y que sector de esta galaxia muy, muy lejana veremos después.

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