Jefas de su propia compañía.

Es una de las películas más esperadas del año, protagonizada por la deslumbrante JLO e inspirada en hechos reales, está dirigida por Lorene Scafaria. El filme se sitúa en la ciudad más poblada de los Estados Unidos y centro de la economía mundial, Nueva York. Es una superproducción basada en una historia de la revista New York 2015 de Jessica Pressler.

Un grupo de mujeres, strippers de uno de los clubes más transcurridos de Manhattan, se agrupan, se organizan y forman su propia compañía para estafar a los hombres más poderosos de Wall Street. Hay dos hilos temporales en la película: la crisis financiera Global de 2008 que recae sobre el club y fuente de trabajo de las bailarinas y el año 2013 cuando se reencuentran las protagonistas: Ramona y Destiny. Sin convertirse en un escenario común ni caer en superficialidades o excentricidades, el relato y la estructura de la película tienen una mirada Girl Power que se destaca y  aprecia.

Es 2007 y desde un inicio conocemos la intimidad de Destiny (Constance Wu), su vida fuera y dentro del trabajo, su relación con las compañeras mujeres, sus clientes y jefes que nunca le pagan lo que le corresponde. Recién llegada, sin aliadas para hacerse frente ante los intimidantes magnates de Wall Street, conoce a Ramona (Jennifer Lopez), maestra de la disciplina, segura y empoderada. Siempre deslumbrante y envuelta en abrigos de piel y con un cigarrillo en mano le enseña el factor fundamental para adueñarse de la confianza de los hombres: “Es más fácil si los veo como mis amigos ricos”.

Hustlers, también es una sumatoria a una colección de películas norteamericanas sobre la crisis financiera de 2008: The Big Short, The Queen of Versailles, Margin Call. Pero, la diferencia radica desde el lugar donde se cuenta cada una. Este es el retrato de mujeres de la clase trabajadora y desamparadas como hijas, madres o nietas. No es un filme más desde la perspectiva de los chicos ricos de Wall Street.

Una producción que gira en torno al drama y la comedia y tiene unos recursos estéticos fácilmente identificables para una esperada producción de Hollywood. Está pensada y realizada desde una mirada contundente que contiene la firma de una cineasta que supo armar su equipo y demostrar lo épico que puede ser una superproducción craneada por mujeres, para mujeres.

En sí, se descomponen mensajes y reflexiones sobre el rol de la mujer en el mercado laboral, ya sea desde una posición económicamente estable a trabajos remotos e independientes. No solo por una cuestión de coyuntura es que nos ponemos a analizar como el hombre siempre necesita estar por encima de la mujer y convertirla a ella en objeto de su deseo, la narrativa nos lleva a esa conclusión por sí misma. Ya que, cada momento trascurre en un mismo fin: cómo funciona el sistema, la necesidad que tienen estas mujeres de utilizar los recursos que tienen para sobrevivir. Sobre este lugar se desprende una frase que vale la pena recordar del filme: “El mundo no premia a la gente que sigue las reglas”.

Nosotros como espectadores, por más que estas madres e hijas estén cruzando la línea delictiva continuamente, nos reímos con ellas, las apoyamos y empatizamos con su amistad y sororidad en un mundo de hombres poderosos y un sistema desigual.

Atraviesa desde un lugar que, siendo mujeres principalmente, lo vivimos cotidianamente, cuando la necesidad nos persigue todos los días. Pues somos hijas y madres después de todo, que tienen que pagar las cuentas, que quieren vivir mejor y ser independientes. Las protagonistas son mujeres que quieren ser dueñas de su propia vida, ser las proveedoras de su casa. Y para cerrar, una frase que Jennifer López en la piel de Ramona, nos concedió: “La maternidad es una enfermedad mental.”

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