Una de las figuras más efímeras e impactantes de la historia de la música llegó en 1994 con este gran disco. 25 años de uno de los álbumes más significativos y sorpresivos de los años ‘90.

Hay muchos discos de los que uno no se tiene que privar; no tiene que dejar de escuchar ni conocer. Grace es todo eso, y mucho más. Es que un artista tan fugaz y brillante como Jeff Buckley (1966-1997) solo ocurren una vez en la vida, y es el claro ejemplo de cómo la música es un legado, una magia que supera espacio, tiempo.

Imaginen una noche estrellada, perfecta. Capaz con toda una ciudad de fondo, o todo un inmenso campo, de esos que nos deja demostrado que somos un simple punto en el mundo. En ese momento, este disco tiene que estar ahí, con el espíritu Jeff Buckley al lado tuyo.

Este disco es simplemente todo lo que la música debería ser. La voz de Buckley es algo completamente único e irrepetible. Nadie canta parecido, ni creo que alguien tampoco pueda imitarlo. En su joven edad en con la que nos dejó, este artista (ni siquiera hablo de “músico”, él es artista en mayúscula) logró seguir los pasos de su padre, Tim Buckley, y generar un hermoso limbo entre la mayor pureza del folk, el rock más clásico y sumado a una voz inigualable, en una época donde el grunge y las voces rasposas inundaban las radios norteamericanas. Él era todo lo contrario, pero logró convertirse en una gran figura de los años ´90.

Con Grace, Buckley luce su sonido y su voz en diez armoniosas canciones, una más brillante que la otra. El comienzo vocal en Mojo Pin es un simple adelanto de lo que se va a venir. Empieza entonces a sonar el sonido que marca al disco, una voz suave, armoniosa, donde la tonada folk se comienza a mezclar con el sonido de una guitarra eléctrica de un sonido increíble.

Sin duda su canción principal es el gran cover -de hecho, personalmente me gusta más que la versión original- del gran éxito de Leonard Cohen: Hallelujah. Simplemente majestuoso. Sigue por un camino casi angelical en Corpus Christi Carol y toma su lado más rockero en Eternal Life, sin dejar su estilo particular en la forma de cantar como de construir canciones.

Un álbum para escuchar mil veces. Y creo que me quedo corto.