Érica Rivas protagoniza uno de los thrillers más arriesgados que se hayan visto en el cine nacional.

Dirigido por Marcelo Páez Cubells y escrito por Matías Caruso llega a los cines de Argentina Bruja (2019), un thriller sobrenatural como nunca se había visto en la industria de cine local. En ella se presenta a Selena (Érica Rivas) una mujer que desde joven ha convivido con la magia y gracias a eso ha sido casi que excluida y maltratada por toda la gente del pueblo en donde vive. Ya con su hija Belén (Miranda de la Serna) siendo una adolescente y con una fama ganada, bastante mala por cierto, Selena debe enfrentarse a los «problemas» lógicos que mantiene en el día a día con su hija mientras recibe el hostigamiento permanente de los integrantes del pueblo. Pero de repente, una red de trata de personas y prostitución liderada por una proxeneta llamada Marisa (Leticia Brédice) terminará secuestrando a Belén y a otras jóvenes del pueblo y allí es donde Selena deberá recurrir a todos sus poderes para poder recuperar a las chicas. Con la ayuda de Ricardo (Pablo Rago), padre de una de las chicas secuestradas, Selena encontrará un aliado para llegar hasta el final de todo esto cueste lo que cueste.

A pesar de que la trama es a priori llamativa y el elenco puede generar algún tipo de entusiasmo, el resultado final de esta producción nacional (de muy bajo presupuesto), no logra alcanzar las expectativas y termina quedando en el debe en más de un aspecto. Desde el desarrollo del guion en el cuál hay escenas de más, otras con muy poco despliegue narrativo y otras con poco sentido argumental. Diálogos irrisorios y situaciones totalmente sin sentido y poco creíbles, también abundan en una película que solo tiene breves momentos serios, pese a que el tema que se lleva a cabo es lo suficientemente rico cómo para desarrollarse mejor. Esto provoca una sensación extraña en el espectador y es normal que sienta un letargo propio de la re-utilización de escenas y de un montaje muy malo. A la película bien podrían sacarle media hora de metraje y teniendo en cuenta que el corte final dura apenas un poco más de una hora y media, eso deja mucho que desear del film. Lo destacable, dentro de todo, es el tono de la película y la estética con la juega la puesta en escena permanentemente. Y, a pesar de que su ejecución puede dejar dudas, la utilización de lo sobrenatural está ejecutada de manera convincente y teniendo en cuenta lo extraño que es que esto suceda en producciones locales merece ser destacado.

Las actuaciones rozan lo bochornoso salvo por Érica Rivas, quién muestra que el papel de bruja le queda a la perfección y agradado a eso, ella demuestra ser una actriz a la que los desafíos como estos no le pesan en lo más mínimo. A ella sí que el guion la ayuda, ya que éste le da un propósito, un background necesario y un sentido a todo lo que hace y que encima lo puede relacionar con su pasado. El resto del elenco no muestra ninguna de las cualidades que sus pergaminos presuponen y, sumado a que el guion no los ayuda demasiado al darles diálogos increíblemente ridículos, nadie del cast logra estar a la altura de las circunstancias.

A pesar de una buena premisa inicial, una estética un y tono que van de la mano con el género, Bruja termina haciendo agua por todos lados y su protagonista no logra hacer que la película pueda pasar por satisfactoria.

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