«La noche de la usina», el cuento de Eduardo Sacheri, llega a los cines como la película argentina más ambiciosa comercialmente de los últimos tiempos.

Escrita por Eduardo Sacheri en 2016, «La Noche de la Usina» es una novela que cuenta la historia de un grupo de personas que en el desastre económico y social que se produjo en 2001 en Argentina, mejor conocido como «el corralito«, por mano propia intentan vengarse de quienes les quitaron todos sus bienes y terminan desarrollando un plan arriesgado, pero que con fuerza de voluntad y trabajo en equipo puede suceder. Esta es la premisa con la cual Sacheri supo ganar en 2016 el Premio Alfaguara a la mejor novela de ficción de ese año y que ahora logra tener su adaptación en el cine de la mano de Sebastián Borensztein (Kóblic, 2016) y la colaboración en el guion del autor de la novela original, pero que cambiará de nombre a La Odisea de los Giles (2019).

La Odisea de los Giles cuenta la historia de Fermín Perlassi (Ricardo Darín), su familia y vecinos en el pequeño pueblo de Alsina. En él todos sus habitantes incluido el propio Fermín han decidido invertir sus ahorros de forma cooperativa para lograr «revivir» una antigua fábrica abandonada y así poder generar una fuente de trabajo para quienes no lo tienen. Ya habiendo reunido el dinero, Fermín recibe un llamado del banco donde el efectivo estaba guardado y  gracias a una venenosa sugerencia del gerente, la plata termina depositada en una cuenta corriente del propio lugar. Horas más tarde  «El Corralito» explota en la Argentina y todos los ahorros del pueblo de Alsina terminan en los bolsillos de bandidos de guante blanco que visten con traje y corbata. Meses después y gracias a la habilidad de Antonio Fontana (Luis Brandoni) para enterarse de todo lo que sucede en el pueblo, éste averigua que el dinero puede ser recuperado pero no de una manera lícita y legal sino más bien todo lo contrario. Fermín y Antonio deberán conformar un grupo lo suficientemente apto, con todos sus amigos y vecinos, para poder saquear una caja fuerte oculta que adentro tiene todos los ahorros del pueblo.

Entretenida desde su génesis y conmovedora por el constante recuerdo de una época nefasta en la cultura Argentina, La Odisea de los Giles es la muestra de cara a futuro de cómo adaptar una novela a película de manera más que satisfactoria. Gracias a la intervención del autor de la novela original dentro del guion y al trabajo en conjunto con el director, esta película logra reflejar la esencia de la historia del papel de una manera casi perfecta. Obviamente no todos los elementos de la obra pueden ser adaptados de un formato literario a otro pero aún así aquellos aspectos básicos están traspuestos de una manera más que correcta. El hecho de que la película se aferre al género «heist» o en criollo, película de robos, logra que si bien el objetivo final de la trama decanta desde un momento inicial, la experiencia no deja de ser satisfactoria de principio a fin. A pesar de algunos chichés que llegan a rozar el mal gusto en momentos aislados y un villano principal que parece sacado de un insulso dibujo animado, la película logra terminar convenciendo al espectador creando un relato con un gran equilibrio entre drama, comedia, acción y thriller. 

En cuanto a las actuaciones, esta es una película que funciona a la perfección en forma colectiva. Gracias a una distribución coral más que individual, cada uno de los personajes tiene su momento de gloria y el desarrollo suficiente como para lograr tener la empatía necesaria con el espectador. Si bien sus puntos más altos son los de Ricardo Darín y Luis Brandoni, cada uno de los personajes de segunda y hasta tercera línea se destacan por sus cualidades. Esos personajes no lograrían una llegada tan efectiva si no fuese por los actores que los llevan a cabo y algunos de ellos son: Verónica Llinás, Chino Darín, Carlos Belloso, Rita Cortese y Andrés Parra.

La Odisea de los Giles llega a las pantallas de nuestro país (más de 400) en un momento en el que la cartelera no abunda por las ideas novedosas o por estrenos rutilantes y por eso no hay nada mejor que ver una producción nacional que con mucho corazón y un desarrollo técnico de primer nivel logran reflejar el peor momento de nuestro país -por ahora- con una gran eficacia.

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