John Wick vuelve por más y esta vez parece no tener un solo aliado. 

Después del éxito de John Wick allá por el 2014, el director Chad Stahelski y el protagonista Keanu Reeves vieron en esa historia la oportunidad de volver a poner a una franquicia de acción nuevamente en el primer plano mundial. Por palabras de los mismos protagonistas, lo que en su momento surgió como una idea de hacer una historia autoconclusiva con un nivel de acción pocas veces visto antes y una calidad estética sin precedentes para ese tipo de producciones, tuvieron que «verse obligados» a continuar la historia del asesino más voraz de todos gracias al gran impacto que John Wick tuvo en el público, en la crítica y en la taquilla. Pero claro que la historia no podía seguir de la misma manera y entre ellos tuvieron que aclarar que si esta incipiente franquicia quería consolidarse como tal, debía tener en claro hacía dónde ir y cómo expandirse de manera apropiada. De manera que la historia no podía continuar directamente alineada a la historia de su esposa y el perrito, por eso que la franquicia tomó un rumbo nuevo.

De esa manera en 2017 llegó la segunda parte, John Wick Chapter 2. En esa secuela todos aquellos pequeños conceptos que habían gustado de la primera fueron cobrando cada vez más sentido y al mismo tiempo el universo de mercenarios se fue expandiendo y otros conceptos fueron surgiendo. Uno de estos nuevos elementos fue la mención de una supuesta Orden Suprema, una organización que aparentemente es la que rige todo este universo ¿clandestino? de asesinos a sueldo por todo el mundo y que son aquellos que ponen las reglas. Una de esas reglas y quizás la más sagrada e importante, es justamente la que John termina rompiendo en el final de ese segundo capítulo. John mata a alguien dentro del Continental, suceso que le costó hacerse del mote de «excomunicado». ¿Qué significa eso? Que ahora ya no sólo no cuenta con la asistencia de todos los posibles aliados que John supo tener sino también que ahora cuenta con un contrato bajo su nombre a nivel mundial de 14 millones de dólares para quien lo elimine.

Y exactamente ahí es donde se retoma la historia. Minutos después de que Winston (Ian McShane) le otorgue la posibilidad de tener una hora para escapar a John (Keanu Reeves) y así poder salvar su cabeza de todos los mercenarios que se encuentran en el mundo. Ahora, sin el apoyo de ningún sector, John deberá recurrir a los pocos aliados que le quedan como  El Rey del Bajo Mundo (Laurence Fishburne) y otros antiguos aliados que lo ayudarán a irse a otras partes del mundo para cobrarse favores que aún le deben y así intentar sobrevivir a la mano dura de la Orden Suprema y al mismo tiempo intentar terminar con ella.

Si se pensaba que la saga de John Wick no podía seguir teniendo éxito luego de su segunda entrega, aquellos que lo sostenían ya deben estar pidiendo disculpas. Estamos en presencia de la saga de acción mejor llevada a cabo del milenio y posiblemente estas sean las películas que mejor representan al género desde la primera Duro de Matar (Die Hard, 1988). Había tres grandes valores que se podían destacar de las otras dos entregas: Las coreografías de pelea, el despliegue visual y el guion. En esta oportunidad todos estos aspectos logran superar lo que se venía proponiendo y terminan conformando una master class de como renovar, efectivamente, un género entero. Y a estos tres puntos, ahora se le puede sumar uno más y es el humor. Si algo le faltaba a estas películas era que se distendieran un poco y para bajar a la tierra un momento hacían falta momentos en donde el espectador se relaje. Decisión arriesgada y con más chances de que salga mal y «romper» la franquicia y la esencia de ésta, pero por suerte, pasa todo lo contrario y le da aquello que necesitaba la saga para consolidarse como una de las mejores.

¿Tiene algún aspecto negativo? Si, pero a cuenta gotas. Hay tres o cuatro momentos en donde las escenas se notan alargadas excesivamente solo para generar un impacto mayor, pero termina provocando cansancio y agotamiento. Otra cuestión que hace un poco menos fluido el guion es la cantidad de nuevos elementos, denominaciones y cargos que se introducen que la narrativa se vuelva más engorrosa. Si bien la trama no es complicada, la connotación de determinados elementos se empiezan a volver fundamentales y algunos pueden pasar de largo si no se presta una atención permanente. Como punto «más bajo» algo que sucede en esta oportunidad es que el verosímil termina de romperse por completo en el último acto, llevando al extremo la exageración y sembrando un margen de duda para el futuro en cuanto al hasta donde se pueden llevar ciertas situaciones.

La actuación de Keanu Reeves vuelve a ser espectacular y demuestra que el papel le interesa y bastante. Iba a ser difícil para él despegarse de haber interpretado a Neo en la trilogía de Matrix (1999-2003) pero después de tanto intentar con otro tipo de papeles ha podido dejar a Neo en el pasado y volver a ser reconocido como un personaje serio en una franquicia seria. Si bien en este film vuelven a aparecer todas las caras que ya conocemos, nuevos integrantes son incluidos y entre ellos aparecen Anjelica Huston, Halle Berry y Mark Dacascos como los que más se destacan. Todos aprovechando al máximo sus momentos en cámara para demostrarle al mundo que el mundo de los asesinos va más allá de John Wick.

De no mediar inconvenientes John Wick 3: Parabellum será un éxito rotundo y hay quienes ya la ponen por encima de todas las anteriores de la franquicia. De lo que si se puede estar seguros es que habrá John Wick para rato o por lo menos lo habrá de este universo ya que no solo se deja la puerta abierta para una cuarta, ¿y última?, entrega de la saga sino que también es muy probable que empiecen a surgir rumores sobre posibles spin-offs tanto en televisión como en el cine. No caben dudas de que John Wick llegó para quedarse, será mejor no hacerlo enojar e ir a verlo a la sala más cercana porque Wick ya se volvió un sinónimo de calidad.

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