Mel Gibson y Sean Penn en un drama de época dentro de un terreno inexplorado por el cine.

Farhad Safinia hace su debut como director en este drama de época que trata la invención de una de las reliquias literarias más valoradas de la historia del lenguaje después de la Biblia, el diccionario inglés de Oxford. Una de las piezas fundamentales para la evolución del habla inglesa tuvo un origen que hoy se podría denominar como extraño y particular y es que éste fue siendo completado gracias a las miles de cartas de ciudadanos a lo largo de todo Inglaterra que iban proponiendo palabras para que luego James Murray, el editor encargado de que el libro quede completo, las corroborara y así poder definir etimológicamente cada palabra dentro de él sin excepción alguna. Es el día de hoy que este diccionario, sigue siendo el más completo y necesario para que los lingüistas de diferentes partes del mundo puedan tener la enciclopedia más grande y más completa del mundo.

Ahora el cineasta Irani-Estadounidense, que hace su debut detrás de las cámaras, será el encargado de trasponer esta fascinante historia a la gran pantalla en Entre La Razón y La Locura (The Professor and the Madman) con un elenco que puede ser la envidia de más de una producción. La trama transcurre en torno James Murray (Mel Gibson) un lingüista poliglota y autodidacta que gracias a su prolongada carrera es convocado por la universidad de Oxford para poder concretar la enciclopedia «definitiva» del habla inglesa. Luego de pedir asistencia al pueblo mediante cartas dentro de diferentes libros, la petición de James llega a manos de el ahora encarcelado ex capitán del ejercito británico William Chester Minor (Sean Penn), quién al volver de la guerra y gracias a las secuelas que la batalla le propino, su capacidad cognitiva ha ido disminuyendo a tal punto que se encuentra perdido entre su propia locura y razón. La respuesta de Minor para Murray será inmediata y gracias a su ayuda, el diccionario empezará a ser completado y publicado, de esta manera Murray buscará explotar a fondo los conocimientos de Minor mientras éste luchara por mantener la poca cordura que le queda.

El gran acierto que tiene este film es el gran interés que genera en el espectador. Al no ser un tema que haya sido tocado previamente, el director y los guionistas, John Boorman y Todd Komarkicki, tenían la oportunidad de hacer que esta gran historia pudiera ser de un interés masivo. Lamentablemente para ellos y a pesar de que este interés puede verse reflejado, el ritmo soporífero de la película hace que lo que en una primera instancia podía ser interesante termine siendo algo aburrido. Obviamente que esta producción no podía tener un ritmo increíblemente dinámico porque no iría de la mano con lo que sucede pero tampoco se puede caer al otro extremo. Quitando esto de lado, la película cuenta con una gran ambientación de época. Desde el vestuario hasta las locaciones, la película inmediatamente sirve como un viaje al Londres de finales del siglo XIX. También, a pesar del ritmo cansino previamente mencionado, la trama es fácil de entender y el espectador puede ir con un desconocimiento total que de igual manera todo será explicado de una manera más que correcta.

Las actuaciones están a la altura de lo que se puede esperar del elenco. Tanto Mel Gibson como Sean Penn, sobre todo el último, dan una cátedra de actuación y si alguien podía llegar a dudar sobre su actualidad, esta puede ser la evidencia necesaria para despejar todas las dudas. Al margen de los dos protagonistas el elenco también cuenta con Natalie Dormer e Ioan Gruffudd, nombres que en cualquier otra película hubiesen tenido muchos más minutos en pantalla y sobre todo un desarrollo y participación mucho más preponderantes. El rol que le es otorgado a Gruffudd es casi nulo y el de Dormer, que tiene mucha más importancia, tiene una gran ejecución pero un desarrollo que deja más dudas que certezas. Entre La Razón y La Locura termina siendo una interesante historia de amistad y sabiduría que se destaca por sus protagonistas y diseño de producción pero que se ve perjudicada por el ritmo impuesto por el director.

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