El hijo del demonio vuelve a la gran pantalla y con aires de ser una franquicia poderosa.

Hellboy quiere volver a decir presente en el cine y es por eso que después de más de una década de su última adaptación en la gran pantalla de la mano de Guillermo del Toro, ahora el demonio malhumorado quiere aprovechar la edad de oro de los héroes en el cine y ganarse un lugar en la cartelera anual. Esta vez con Guillote lejos del proyecto, y con un director más abocado al terror que otra cosa, volveremos a ver los orígenes de Hellboy desde una perspectiva mucho más sangrienta y con más acción que las películas anteriores.

En esta oportunidad Hellboy (David Harbour) deberá intentar salvar a la tierra de la peligrosa Reina de la Sangre (Milla Jovovich) quién luego de estar enterrada y escondida durante muchos siglos, ha decidido que es momento de cobrar venganza y apoderarse del mundo. Junto con la ayuda de la Agencia de Investigación y Defensa Paranormal, el demonio rojo deberá enfrentarse a todos los poderes de la temible bruja y de sus secuaces, quienes le harán el trabajo un poco más difícil. Para su suerte, Hellboy también tendrá su fuerza de choque especial cuando a su cruzada por salvar el mundo lo acompañen el Mayor Ben Daimio (Daniel Dae Kim) y Alice (Sasha Lane), una antigua amiga suya que posee habilidades especiales. Ellos intentarán detener a la Reina de la Sangre y evitar que una antigua profecía, que puede acabar con el mundo tal cual lo conocen, se vuelva realidad.

Este intento de reboot de franquicia que tiene a Neil Marshall como director no hace más que enaltecer lo que hizo en su momento Guillermo del Toro con su propia versión del personaje. Esta nueva interpretación está lejos de ser una película aceptable. Hay fallas en todos los aspectos y no hay casi nada que se pueda destacar. Empezando por el guion, el cual tiene un pésimo desarrollo de personajes y una muy mala utilización de la información extraída de las viñetas, la trama es un vaivén constante de situaciones insólitas donde todo se resuelve siempre de la misma manera: Con explosiones y gritos sin sentido. Junto con esto se puede ver una clara intención de hacer al personaje principal como amigable solo haciéndolo querer parecer chistoso con chistes ridículos que rozan lo vergonzoso, en lugar de crear un ambiente en donde el público pueda empatizar con algún conflicto interno que le pueda surgir. Al margen de querer imponer un estilo estético más oscuro, la fotografía queda empañada por un derroche de sangre totalmente exagerado, donde ya el limite de lo verosímil se rompe por completo y la película ya no puede ser tomada en serio. Las múltiples escenas de peleas tienen coreografías pésimas, errores de continuidad dignos de principiantes y una mayor similitud a juegos como Shadow of the Colossus que a películas de monstruos. Quizás algo rescatable sea la construcción de estas criaturas tan particulares, que hay muchas más variantes de monstruos que en la versión anterior de Del Toro, esto es bastante peculiar ya que el mexicano es un confeso amante de las criaturas sobrenaturales.

Como ya lo menciono previamente, los personajes están pésimamente desarrollados y no tienen ningún tipo de motivación realmente clara para mostrar un cambio en sus personalidades. De un momento para el otro la desconfianza se vuelve amistad, los enemigos se tornan sumamente poderosos y después caen en desgracia y los personajes complementarios no son explotados como se debería haber hecho. La trama en sí da vueltas en torno a un tema que ya roza lo cliché, pero un cliché penoso, al mejor estilo de Transformers: El Último Caballero (2017). Al contrario de la película de 2004, el origen de Hellboy no transmite absolutamente nada y queda como un hecho sobrenatural más.

Las actuaciones son realmente pobres, la única de todo el elenco que logra destacarse un poco, pese al pobre papel que le toca hacer, es Milla Jovovich quien con unas simples apariciones y miradas si logra generar, al menos, alguna incomodidad y respeto para con su personaje. La caracterización de David Harbour está muy bien lograda, con un gran trabajo de maquillaje y efectos prácticos que se ven desperdiciados con un guion que vuelve a comerse al personaje y lo convierte en una criatura detestable, caprichosa, irascible e irracional donde la mayor cantidad de sus actos no tienen sentido ni importancia.

Esta reimaginación de Hellboy va ir directamente a lo peor del año y mucho deberán hacer para alcanzarla en la cima del ranking. Si los guionistas y productores consideran a Hellboy solo como una oda al gore y a las escenas de acción sin sentido, posiblemente haya una secuela en el futuro próximo, si el mercado fuese un poco más justo esto no tendría ningún tipo de posibilidad.

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