Jordan Peele, el amo y maestro del terror actual.

Ya pasaron poco más de dos años del gran estreno de ¡Huye! (Get Out, 2017) y es hasta el día de hoy, la primera obra de Jordan Peele sigue dando que hablar. El humorista, devenido en director y productor de películas de terror, se ha consolidado en estos años como el máximo referente actual y a futuro del género. Su ópera prima supo cautivar a los amantes del terror, y a aquellos que no lo son tanto, por su guión (ganador del Oscar de aquel año), sus mensajes ocultos y sus actuaciones, entre otras genialidades de aquella película. Por supuesto, la devolución del público y crítica fueron ampliamente positivas y la repercusión fue de una magnitud inimaginable, suceso que terminó catapultando al flamante director en una estrella de la industria. Gracias a todo esto, a Peele se le ha confiado uno de los honores televisivos más grandes que se pueden desear en la televisión norteamericana: él hará las veces de presentador en el esperado revival de la serie de ciencia ficción americana por excelencia The Twilight Zone, que debutará este mismo año. Pero como todo esto no es suficiente para el querido Jordan, y después de haber producido la exitosa Infiltrado en el KKKlan (Blackkklansman, 2018), vuelve a ponerse detrás de las cámaras para brindarle al mundo su nueva joya, Nosotros (Us, 2019).

Esta nueva película cuenta la historia de la familia Wilson, una familia tipo y bastante común compuesta por Adelaide (Lupita Nyong’o), Gabe (Winston Duke) y los niños Jason (Evan Alex) y Zora (Shahadi Wright). La querida familia Wilson decide pasar sus vacaciones en las playas de Santa Cruz, California, un lugar que cuando Adelaide era joven solía frecuentar con sus propios padres en su casa de verano, hasta que en una oportunidad ella se perdiera y sufriera un trauma bastante importante. Ahí mismo se encontrarán con sus amigos de la ciudad y empezarán a disfrutar de su descanso. Un descanso que no será demasiado prolongado, porque de buenas a primeras los Wilson deberán enfrentar una amenaza casi implacable y que aparentemente siempre ha estado a la espera de la oportunidad para atacar, casi como una sombra.

Si algo quedó claro en ¡Huye! es que Jordan Peele sabe como escribir historias y llevarlas de manera exitosa a la gran pantalla. Dentro de esta escritura se podían observar mensajes entre líneas bastante claros en cuanto al racismo y clases sociales, sin perder el objetivo final, hacer una película de terror que desacomode a quien la vea. Si se pensaba que aquella primera incursión en el cine había sido una mera casualidad, ya se puede decir que esa postura era equivocada. Peele vuelve a demostrar que es un magnífico guionista, redoblando la apuesta de su trabajo anterior y demostrando que el humor y el terror pueden convivir de la mejor manera en una misma obra, ya sea para descomprimir los momentos tensos o para lograr una empatía mayor con los personajes. Combinando sub-géneros del terror como el home invasion y el slasher, Peele juega un poco más con el terror clásico y no tanto con el psicológico, pero sin abandonarlo de lado como para confundir al espectador y dejarlo sin ningún tipo de recurso para que logre liberarse de la amenaza que se viene. Algo que sí es bastante claro es que estamos en presencia de un autor hecho y derecho, sus películas tienen características similares en cuanto a lo estético y a las decisiones con la cámara, que si bien van sólo dos películas en su haber, ya se puede ir armando un patrón en cuanto a lo que quiere, cómo ve el cine y cómo lo transmite.

Las situaciones que se presentan descolocan todo el tiempo, desde las acciones de los personajes hasta en las locaciones donde se producen, ellos están todo el tiempo cambiando de escenarios pero siempre encerrados en ellos, haciendo de la sensación de que algo malo puede suceder en cualquier momento una constante en las dos horas diez de película. Cuando desde el guión se le da al espectador poca información sobre la amenaza a enfrentar suele provocar un poco de desinterés y un poco de desconfianza para con ese ente antagónico, sin saber con seguridad si puede o no interrumpir que los protagonistas logren su cometido, pero esta historia está tan bien construida que a lo largo del relato no se da ningún tipo de pista y nada da un mínimo indicio de lo que serán los últimos 20 grandiosos minutos y un plot twist que es completamente shockeantes, al mejor estilo del mejor M. Night Shyamalan.

Todo lo que se refiere a aspectos técnicos merece tener su párrafo aparte. Desde la utilización de luz natural en casi el 100% de la película hasta la asombrosa y espeluznante mezcla de sonido, que está tan bien lograda que nunca más nadie va a querer correr con tijeras en las manos. La fotografía y la puesta en escena tienen una calidad sorprendente; cada plano, cada toma logra transmitir algo diferente y esto produce que las imágenes logren mostrar más cosas de las que sólo se ven. La banda sonora es otra gran apuesta ganada por el director ya sea por la utilización de canciones conocidas en escenas determinadas le dan un toque especial o por el leitmotiv original para la película, que logra poner los pelos de punta y la piel de gallina desde el primer acorde de los violines y contrabajos.

Las actuaciones son descomunales sin exagerar en lo más mínimo. Siendo Lupita Nyong’o la cara más conocida y visible de la película, la mayor parte de los minutos del film recaen en ella y la verdad es que demuestra por que es una de las actrices mejor valoradas en la industria del cine. Ella logra transmitir una carga emocional totalmente arrolladora que lleva su personaje y desde el primer minuto que tiene en pantalla logramos empatizar con ella. A Winston Duke le tocó una tarea muy difícil, ya que su personaje básicamente sirve para descontracturar todo lo fuerte que pasa a lo largo de todo el metraje, redundante y muchas veces sin sentido sus acotaciones solo son humorísticas y muy pocas veces su participación tiene un sentido positivo. Ahí se puede ver uno de los defectos que tiene la película, si bien el humor es necesario para bajar con la tensión y la carga dramática, en esta oportunidad ese descargo termina siendo constante. En ¡Huye! esto estaba mucho mejor distribuido, porque estos momentos quedaban relegados para un papel secundario y no protagónico. Entonces, si bien el humor es necesario acá hay una sobre utilización que por muchos momentos te saca de clima por completo. El elenco también cuenta con la experimentada Elisabeth Moss, quien si bien no tiene demasiada participación (no más de 7 minutos en pantalla) la actriz ganadora del Emmy por su actuación en El Cuento de la Criada se roba por completo esos momentos dejando en un segundo plano al resto de los actores y actrices. Por último pero no menos importante, los jovencitos Evan Alex y Shahadi Wright demuestran que están a la altura de las circunstancias y en sus respectivos debuts logran hacer pata ancha y dar a conocer al mundo que están listos para otras producciones.

Nosotros no termina siendo superior a la película anterior del director solo porque es el doble de arriesgada, el doble de críptica y un poco más pretenciosa, pero no caben dudas de que Jordan Peele va en camino a marcar un estilo y hasta es capaz de lograr redefinir un género porque lo que está haciendo es un trabajo de otro tiempo y de otro planeta.

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