Una nueva adaptación de una saga de libros post apocalípticos llega a los cines bajo la producción y el guión de Peter Jackson.

En un futuro lejano, los recursos naturales de la Tierra son cada vez mas escasos y es por eso que ahora las ciudades ya no son lo que fueron en tiempos mas civilizados. En este futuro distópico que propone Maquinas Mortales (Mortal Engines), las ciudades ahora son estructuras mecanizadas que pueden trasladarse por todo el continente y mediante la conquista de otras ciudades menores, buscan apropiarse de elementos que les puedan ser útiles para entender (nuestra) la civilización antigua y ya que están, estirar la diferencia en cuanto a poder entre las ciudades más poderosas y las menos. Esta aventura post apocalíptica, que comparte más de una semejanza con Mad Max (1979), es la adaptación cinematográfica de una saga distópica de cuatro libros escrita por el novelista inglés Philip Reeve y que ahora, busca ser apadrinado por uno de los que mejor saben adaptar historias épicas en la gran pantalla. Este «padrino» no es otro que el gran director, escritor y productor Peter Jackson. El neozelandés, famoso por haber adaptado con gran precisión y éxito la saga de El Señor de los Anillos (2001-2003), esta vez decidió no ponerse detrás de las cámaras para hacer el trabajo sucio de dirigirla, pero si tuvo una participación preponderante en cuanto a la redacción del guión (co-escrito junto con Fran Walsh y Philippa Boyens). El director encargado de que esta enorme obra cobre vida será Christian Rivers, un director que hace debut al frente de una peli, pero que conoce bien a Jackson de sus películas anteriores, ya que era uno de los encargados en desarrollar los efectos especiales en sus películas previas.

Pero, ¿de qué va Maquinas Mortales? Esta enorme aventura distópica, cuenta la historia del joven historiador y arqueólogo Tom Natsworthy (Robert Sheehan), un muchacho que con gracias a una gran curiosidad y grandes de aprender todo lo que ocurrió en el pasado, antes de la «Guerra de los 60 minutos», momento en donde la Tierra cambió para siempre. Tom, trabaja en el museo de Londres, la ciudad más importante y peligrosa de todo este nuevo mundo motorizado. También en Londres se encuentra el despiadado Thaddeus Valentine (Hugo Weaving), un militar con ansias de conquistar cada ciudad que se encuentre en su camino, con tal de hacer de Londres, la única y más poderosa ciudad del mundo. Pero donde siempre hay un ente conquistador, nace la revolución y se genera el conflicto, y la encargada de llevar este sentimiento revolucionario será la temible Hester Shaw (Hera Hilmar), una joven con un propósito claro y fijo, detener a toda costa la conquista de Londres y sobre todo, acabar con los planes de expansión de Valentine y al mismo tiempo, lidiar con los fantasmas de un tormentoso pasado. De esta manera, las historias de nuestros tres protagonistas deberán cruzarse dejando sólo dos destinos posibles, la destrucción de Londres o la conquista total del mundo.

Si bien la premisa suena prometedora, aunque posea elementos fácilmente reconocibles de otras sagas del mismo género, el guión y la dirección coordinan de una manera ejemplar para lograr hacerla previsible, común, aburrida y absurda. Las ganas de generar una película épica y enorme sólo para que así sea, les juega en contra a todos, demostrando que una película sin corazón no sirve para nada. Si bien lo mejor que tiene la película (sin ningún tipo de dudas) son sus efectos especiales, son desaprovechados por la falta de conexión con los personajes y la trama. Insólitamente, en lugar de quedarse con los puntos fuertes que la peli tiene, el guión busca ganarse de antemano el lugar de franquicia, descuidando la fundamental primera entrega. Personajes poco desarrollados, otros que nada aportan a la trama y momentos que intentan ser graciosos pero fracasan en el intento, son una constante en las más de dos horas que dura la película.

Las actuaciones si bien son aceptables, no hay nadie que se destaque por sobre el resto. Otro de los problemas con el que cuenta el guión, es que en los momentos claves donde el público tiene que sentirse identificado o se tienen que genera algún tipo de conexión o vínculo con los personajes, no se produce nada, ya sea por diálogos absurdos, lugares comunes o inconsistencias argumentales.

Si hay algo que sobra en estos tiempos, son las historias de futuros post apocalípticos, distópicos y demás. Pero el tema en sí, puede brindar enormes posibilidades para hacer algo mejor. La saga de Mad Max, no tienen ningún tipo de relación con los eventos que tienen lugar en Los Juegos del Hambre (2012-2015), lo mismo con Maze Runner (2014-2018) entonces, ¿Por qué buscar de forma tan notoria, algo que se le parezca a todas? Y por lo menos, si la idea es tomar elementos de cada una de ellas, que por lo menos parezca lo menos obvio posible. En conclusión, la película busca generar conexión con el espectador focalizándose solo en el aspecto visual que intenta generar un contexto épico, que no existe casi nunca y en esa búsqueda, se pierde la oportunidad de crear algo quizás no tan épico, pero si algo mejor narrado.

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