La clásica historia británica vuelve a re-editarse, apuntando a ser franquicia y con una mayor apuesta por la acción y menos desarrollo del argumento.

La historia de Robin Hood es de común conocimiento desde hace varias generaciones. Las aventuras del hombre de cuna noble que deja de lado sus múltiples privilegios para acabar con la tiranía y opresión de un tirano gobernante para con su pueblo, robando sus arcas y otorgando ese botín a los que menos tienen, han sabido ser inspiración para mil y un historias con interpretes diferentes a lo largo del tiempo. Sin ir más lejos, nuestro héroe anónimo no difiere mucho de lo que hace Bruce Wayne con Batman, o Tony Stark con Iron Man, donde sí hay diferencias es en el clamor popular que estos personajes generan. Aún así, el relato del arquero más conocido de Nottinham ya tiene en su haber más de treinta adaptaciones cinematográficas contando su historia. Pero como el público se renueva, ahora la historia de este emblemático personaje vuelve a ser llevado a la pantalla de la mano del director Otto Bathurst con un nuevo enfoque, un cambio total de estilo y un elenco preparado para romper la taquilla.

Robin Hood (2018) cuenta la historia de Robin de Locksley (Taron Egerton), un joven de cuna noble que es reclutado por el ejercito británico para servir como soldado en las guerras contra los moros. Obedeciendo el deber que le fue encomendado, Robin deberá dejar sus tierras y a su amada, Lady Marian (Eve Hewson) en manos del sherrif de Nottinham (Ben Mendelson), un gobernante al que poco y nada le importan los plebeyos y solo está detrás del dinero fácil. Robin, quien luego de cuatro años en el exterior tiene que volver a casa porque resulta herido de gravedad, se dará cuenta que todo ha cambiado en su pueblo y debe encarar la situación desde otra perspectiva. Ayudado por John (Jamie Foxx), un aliado que se trajo inesperadamente de la guerra, y su gran habilidad para manejar el arco y la flecha, Robin deberá convertirse en un símbolo en el que la gente pueda encontrar la esperanza necesaria para reponerse y enfrentar, las reglas e injustas imposiciones del sheriff. 

La premisa es similar en muchos aspectos a lo que se puede ver en la serie de DC Arrow (2011-actualidad) pero con una gran salvedad, en Arrow todo funciona, o por lo menos es agradable de ver. En esta oportunidad, la película consta con un deterioro en cuanto al desarrollo del argumento muy notorio a medida que pasan lo minutos. Después de un aceptable y bastante interesante primer acto, con un enfoque novedoso y con un nivel de realismo más que agradable, cuando se empieza a desarrollar la conversión noble/vigilante es donde más dificultades se pueden notar. Más allá de la poca profundización en la trama y la intención permanente de demostrar que la acción «estilo Kingsman» puede llevarse a la época medieval, el guion se encarga permanentemente de superar su propio inverosímil. Situaciones sin sentido, persecuciones físicamente imposibles y un humor que escasea a lo largo de todo el metraje, son características que se repiten a cada rato y que no dan descanso. Cuando uno piensa que la peli puede levantarse un poco y volver al sendero correcto, ahí vuelven los errores hasta lograr la desesperación y el hartazgo. Esta cadena de errores desembocan en uno de los peores terceros actos de este año, donde no conformes con dejar todo bastante tirado de los pelos y ridículamente parecido al desenlace de The Dark Knight Rises (2012), los productores (entre los que esta Leonardo DiCaprio) se la juegan con continuar esta historia transformándola en un franquicia, de dudosa calidad, pero para eso habrá que esperar.

Las actuaciones de solo dos actores pueden destacarse y hasta ahí nomas. Tanto Egerton como Foxx, han sabido tener buenas performances a lo largo de sus carreras, pero siempre con un guion solido que los mantiene. Acá, ambos tienen el problema de encarar sus papeles con un profesionalismo notable pero que la película es tan endeble y frágil que se terminan hundiendo con el resto de los personajes. Incluso en las escenas de acción, ellos han debido perfeccionar sus técnicas de disparo con arco, parkour y coreografías de pelea, pero que gracias a una pésima elección de efectos especiales, y cuando usarlos sobre todo, esa gran capacidad queda perdida ante tanto slow motion berretón. El resto de los personajes no solo no transmiten nada individualmente sino que dentro de todo el film, no logran interesar nunca.

Si Robin Hood apuesta a convertirse en una franquicia de acción épica medieval, primero tendrá que corregir el desarrollo de sus personajes y de su historia. Dichos personajes en mayor o menor medida ya son conocidos por todos, incluso los de segunda linea, por lo que no deberían haber tenido mayores inconvenientes para escribir un relato coherente. Los escritores deberán pulir sus plumas para crear una historia verídica y convincente para que puedan estar a la altura de semejante personaje.

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