El futuro del mundo vuelve a depender de un grupo de adolescentes.

Después de que en 2012 se estrenase la adaptación cinematográfica de The Hunger Games, el panorama para las historias de futuros distópicos se incrementó exponencialmente. Bajo los pilares fundamentales de las novelas young adult, fue que la escritora estadounidense Alexandra Bracken decidió escribir su propia historia. Con The Darkests Minds, la escritora creó un mundo en un futuro no muy lejano, donde el 98% de los niños mueren repentinamente por una enfermedad totalmente desconocida. Luego de esta tremenda epidemia que azota al mundo entero, se descubre que el 2% restante de la población infantil, ha sobrevivido debido a que esta desconocida enfermedad ha desarrollado en ellos diferentes superpoderes.

El gobierno, teniendo en cuenta la gravedad e inestabilidad de la situación, decide reclutar de una forma no tan simpática a los niños del mundo y ubicarlos en diferentes campamentos, donde se les prohíbe usar sus habilidades y los hacen trabajar contra su voluntad. Es en ese entonces que la protagonista, Ruby Daly (Amandla Stenberg) decide revelarse contra la autoridad y escapar de estos campos donde dejan prisioneros a los jovencitos con poderes. En esta cruzada que encabezará Ruby, la adolescente de 16 años deberá afianzar una alianza con un grupo de jóvenes que también han escapado y se encuentran en la imperiosa búsqueda de un santuario de chicos con poderes para poder vivir en armonía.

Teniendo en cuenta que la premisa de esta nueva saga de películas, tienen todos los elementos «necesarios» para que una historia young adult pueda ser llevada a la gran pantalla, lo primero que hay que decir es que a diferencia de otras sagas similares, esta no cuenta con un primer guión solido. A pesar de que la velocidad narrativa es sorprendentemente alta, esta velocidad no deja ver personalidades de los protagonistas y no se puede afianzar una relación entre el protagonista y el espectador. Para plantear un parámetro comparativo, en ningún momento se genera la empatía que sí se pudo ver con Katniss en Los juegos del hambre. Dentro de esta imperdonable falla, su velocidad hace que el primer acto pase rápido y por lo menos, no sea aburrida.

Sin ser esto suficiente para la directora Jennifer Yuh Nelson y el guionista Chad Hodge, el desarrollo de los personajes es muy malo. Cayendo en lugares comunes todo el tiempo y a lo largo del relato, la historia se vuelve previsible. Generalmente, estas producciones suelen tener algún plot twist no muy pronunciado para sorprender al público, aunque este no es el caso y a medida que los personajes van apareciendo, su futuro puede verse desde casi su primer dialogo. Las actuaciones no ayudan para nada a dicha falta de contenido y es por eso que nadie se salva, solo Skylan Brook, quien debe encargarse de poner el toque cómico, necesario, en esta peli.

Algo que sí hace bien la película es desarrollar de buena manera toda la parte de ciencia ficción. La descripción y diferencias de poderes está muy bien llevado a cabo y es muy fácil recordar la diferencia entre las distintas habilidades que los chicos tienen. Como sí se acertó en eso, claramente se falla a la hora de desarrollar el romance de la peli. Desde un primer momento cae pesado y obvio. Haciendo demasiado foco en el amor, por momentos se pierde de vista el peligro que corren nuestros protagonistas. Los efectos especiales no dan ningún tipo de salto de calidad y puede denominarse como de regular para abajo. Lo mismo pasa con la cinematografía y la puesta en escena, todo está hecho lo más simple posible y la hora de querer «romper» el molde, es un aspecto que deberá mejorar de cara a lo que viene.

Posiblemente, una secuela sea inminente. Los más fanáticos de esta saga literaria, que son varios, se acercarán masivamente a las salas para ver a sus personajes favoritos en pantalla grande y con un sonido envolvente, pero para poder desarrollar la historia completa, quienes se encarguen de futuras producciones deberán tener en claro que hay mucho para mejorar y no solo basta con recurrir a los lugares comunes de otras adaptaciones que sí tuvieron éxito. Hay material y hay recursos.

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