Llegó el momento de mover los pies al ritmo de ABBA.

Después del éxito que tuvo la adaptación cinematográfica de uno de los musicales más concurridos de Estados Unidos, la historia de Donna (Meryl Streep) y su hija Sophie (Amanda Seyfried) parecía haber llegado a su fin. Pero tratándose de Hollywood y de que este mismo año se cumple una década de aquella primera vez, todo se dio para que la secuela viera la luz. Esta vez sin ningún tipo de obra, libro o guión adaptado que se utilice de sostén, los guionistas y el director cambian. Previamente dirigida por Phyllida Loyd, esta adaptación se posicionó como una de los musicales mejor llevados a la gran pantalla, por una gran aceptación mundial de la critica especializada y del público en general. Incluso, el furor que se despertó ya hace 10 años, hizo que toda una generación se familiarice con la banda ABBA, ya que todas las canciones que aparecen en el musical, pertenecen a la banda sueca.

Esta secuela, funciona como una continuación exacta de la primera parte, pero que al mismo tiempo, cuenta con flashbacks en gran cantidad por lo que se la puede tomar también y en parte, como una precuela. Dicha precuela, intentará aclarar como fue que Donna conoció a cada uno de los hombres de su vida. Todo el elenco de la película original regresa (Colin Firth, Pierce Brosnan, Stellan Skarsgård, Julie Walters, Christine Baranski y Dominic Cooper) y para los papeles de los jóvenes Bill, Harry y Sam se suman los talentosos Josh Dylan, Hugh Skinner y Jeremy Irvine, respectivamente. Completando el elenco, se suma una pieza fundamental como Lily James, quien se encargará de interpretar a Donna, una joven en busca de sus sueños y una aventura, que ni ella sabe en que va a desembocar. Mientras estas dudas se «aclaran» en, una Sophie ahora devenida en dueña del hotel turístico «Villa Donna» lucha contra una relación a larga distancia con su esposo Sky. Por eso Sophie tendrá que solucionar los problemas que tenga en Hotel solo con la ayuda de Sam, y de un nuevo gerente llamado Sr. Cienfuegos (Andy García).

Para poder lograr que una película que funciona a la perfección en dos lineas argumentales diferentes, lo primero que se tiene que determinar es en qué momentos se verán, en este caso, los flashbacks del pasado. Siendo este un recurso más narrativo que técnico, puede ser un arma de doble filo el abuso o la escasez del mismo. Este problema se da en esta secuela/precuela. El recurso del flashback queda narrativamente descolocado, cambiando a cada rato de tiempo y sin poder desarrollar una idea en especial en ninguno de los dos tiempos, termina quedando la sensación de que algo más del «pasado» podría haberse desarrollado. Quizás, sin tener ningún material adicional al que se tuvo en la primera parte, el director Ol Parker, no pudo lograr que la trama de la parte pasada sea más concisa. Desde la primer película, se sabe porque Donna actuó como actuó, esta entrega no otorga soluciones y ni siquiera tiene un planteo «lógico» de por qué se hacen las cosas. Todo lo que se gana con este recurso es el hecho de poder verlo. A la hora del presente, tampoco se nota una trama demasiado intensa, de hecho es bastante simple, dejándola en este aspecto, muchos escalones por debajo de la película original.

En cuanto a las actuaciones, esta entrega otorga un elenco más fresco y mejor dotado para encargarse de la parte musical. Por ejemplo, nadie puede negar que actores como Pierce Brosnan, Colin Firth o Stellan Skarsgård sean buenos actores, pero para este tipo de producciones el canto es fundamental y la verdad que en ese aspecto, tan bien no les va. Por eso, para interpretar a sus versiones jóvenes, se buscó actores no tan conocidos, que pudieran cantar o acompañar a Lily James de la mejor manera y eso sí se logra. Hablando de Lily James, su trabajo es el más destacado en la parte de «precuela». La actriz brinda una interpretación de lujo como la joven Donna y la semejanza que se alcanza al usar vestuario y peinados del mismo estilo que uso Streep en la primera película, hace que no ver a Meryl en pantalla sea más llevadero. Por supuesto que la que vuelve a ponerse la película al hombro en cuanto a canto y trama es Amanda Seyfried, ya que es la única cantante con los pergaminos suficientes para poder encargarse de ser la actriz principal.

En cuanto a la fotografía, que había sido uno de los puntos más altos en la peli original, se nota un poco menos de esos detalles que hacían al espectador poder viajar mentalmente a Grecia. Con una paleta de colores menos desarrollada y los tonos más apagados, dan la sensación de que esta película es más «triste» que la primera. Esto no quiere decir que sea una película oscura, pero la primera tenía un brillo y un jubilo dignos de la fiesta que fue. Junto con estos detalles, las canciones seleccionadas, no enganchan tanto como la primera vez. Obviamente aquí se tuvieron que utilizar canciones menos conocidas de ABBA y eso le saca un poco de onda al film. De igual manera, éxitos como Dancing Queen, Mamma Mia, Waterloo y Super Trouper tendrán lugar para hacer mover los pies en las butacas y porque no, tararearlas luego de salir de la sala.

En conclusión, esta secuela se encuentra narrativamente muy por debajo de su antecesora. No había necesidad de estirar la historia que enamoró a tanta gente, pero gracias al talento de su nuevo elenco joven, suple las carencias de estos errores. Las actuaciones llevan adelante esta peli que a los fans les va a dar la oportunidad de volverse a enamorar de sus queridos personajes, pero no mucho más.

[taq_review]