El stand-up es la forma que encuentra un comediante para poder actuar en vivo, donde se encuentra frente al público y a través de -normalmente- un monólogo, hace reír y delirar a los espectadores. Aunque a veces van más allá, los hacen pensar. Los grandes pilares de la comedia basan su show en una crítica social, además del infaltable humor.

Se podría decir que son observadores muy detallistas. Creativos, con capacidad para analizar, interpretar y narrar historias sólo con su persona en escenario. Es un gran súper-poder, tener la posibilidad de llenar una sala o un escenario y que la gente vaya a ver qué tenés para decir, qué ocurrencia saldrá a través del micrófono.

Pero se puede hacer más, y la posta la toma Hannah Gadsby. Ella es una humorista australiana, conocida por ganar la competencia Raw Comedy en 2006 y por ser abiertamente lesbiana. Sus gustos sexuales sólo es un detalle que no sería necesario aclarar si no fuera por ella y “Nanette”, su nuevo monólogo que está disponible en Netflix.

La rutina comienza como cualquier otro día en la oficina, como tema principal era de esperarse que se hable del #MeToo, campaña que no deja afuera a nadie en semejante contexto social. Pero esto se da vuelta progresivamente cuando replantea cuestiones como el género y sobre situaciones personales que demuestra cómo vive una mujer blanca lesbiana en este mundo patriarcal. “Hay gente que me dice que no soy lesbiana, que soy trans”, dice Hannah dando a entender que ni siquiera puede tener su propia elección. “Si me tengo que identificar, sería como cansada. Estoy cansada” es la frase que resuena en el teatro una y otra vez.

LEER  Fear Street: Horror adolescente recargado

Entre relatos -muchos desgarradores-, cuenta cómo en su ciudad natal estaba penalizada la homosexualidad hasta hace poco. De cómo es la relación con su familia y por qué es así. Que estudió historia del arte, algo que pensó que jamás le serviría. Pero funcionó muy bien para un análisis exhaustivo y claro de que el arte reafirma el patriarcado, una y otra vez.

Desde Picasso hasta Trump, pasando por Woody Allen y Roman Polansky, la humorista da argumentos más que válidos para bajarlos del pedestal. Y lo más valioso es su experiencia personal con la comedia, por cómo la consumió hacer chistes constantemente con su vida. “Me menosprecio a mi misma para hablar, así consigo permiso para hablar” y siguió con una de las reflexiones más interesantes acerca de una frase común, “La risa no es la mejor medicina, la risa es sólo la dulce miel que endulza la amarga medicina”. Porque como dice la comediante, la medicina son las historias.

Pasa de la risa al drama emotivo, no da tiempo para ir a buscar algo para picar. Es sentarse, escuchar y pensar. Probablemente sean los 69 minutos más productivos de toda la semana, para alimentar a una sociedad con ganas de deconstruirse.