Josh Brolin deja de lado el CGI y Marvel por un rato, para volver a ser el agente federal más badass de la CIA.

Después del furor mundial que marcó Sicario (2015), la secuela no tardó demasiado en llegar. En esta oportunidad, la película ya no es dirigida por Denis Villeneuve, responsable de la primera entrega, sino que Stefano Sollima se pone detrás de las cámaras para continuar con las aventuras belicosas del agente federal Matt Graver (Josh Brolin) y Alejandro (Benicio del Toro).

Luego de lidiar con los carteles mexicanos que traficaban drogas por la frontera de los Estados Unidos, una nueva amenaza los tiene entre ceja y ceja. Ahora, los carteles también se dedican a pasar terroristas, por lo cual el país del norte está en alerta máxima. A consecuencia de un par de atentados al azar, Matt deberá juntar el mejor equipo posible para poder frenar a los grandes grupos de traficantes que vienen desde el sur. Obviamente, junto a su mano derecha, Alejandro, idearán un plan muy riesgoso, con tal de ver caer a sus enemigos.

En esta secuela, la dinámica del relato es similar al film del 2015, pero al mismo tiempo logra que la historia no quede repetitiva a pesar de un segundo arco argumental más flojito que el principal. Pese a que el guión no posee vueltas de tuercas ni ningún efecto demasiado rebuscado, se nota la mano del director a la hora de los movimientos de la cámara, lejos está de la cinematografía alcanzada por Villeneuve, pero aún así resalta en calidad. Con algunos planos-secuencia brillantes, el director plantea que esta secuela va a ser mas violenta y oscura que su antecesora. No son todas positivas, porque claro está, la película es destinada a un público determinado y se toma al mexicano como chanta, ladrón, mafioso y siempre por el lado turbio. Para Hollywood, el mal siempre viene del sur.

La música y la banda sonora son otro de los grandes aciertos. La increíble tensión que genera lo sonoro, suple a la perfección aquello que la trama no puede transmitir. Cada secuencia musicalizada, aumenta sustancialmente en tensión comparada con las que no lo tienen tanto. Un error notorio, es que si bien la violencia y la acción, son superiores, la trama no es tan fuerte como supo ser la primera Sicario. El conflicto se diluye mientras va pasando la peli y deja un sinsabor bastante pronunciado. Quizás, el hecho de que la primera haya sido tan buena en cuanto a lo que se quería transmitir, esta secuela sufrió el mal de las segundas partes. Teniendo en cuenta que esto no era algo pedido ni solicitado por los mas fanáticos, casi que se la puede denominar como una película innecesaria.

Las actuaciones se destacan claramente en Benicio del Toro y Josh Brolin, ellos demuestran que todavía podían elevar más la vara de la violencia y de no tener piedad con nada ni nadie. El actor que actualmente le da vida a personajes como Thanos y Cable, demuestra que la acción es lo suyo y cuando no se tiene un limite en el tambor, puede hacer destrozos de todo tipo. Como su compañero protagonista, Del Toro entrega una actuación soberbia, sobre todo en el último acto donde se roba la pantalla. El resto del elenco, no destaca pero cumple. Con la participación, escasa, de Catherine Keener, se intenta suplir a Emily Blunt pero su tiempo en pantalla es tan corto que da la sensación de que algo más podría haber otorgado. Ese es otro revés que tiene esta película, la participación femenina. Solo hay dos actrices que tienen acción en pantalla y luego, nada. Si la excusa es porque la mayoría de los personajes son militares, esa razón es totalmente infundada.

Sin mantener la calidad que su predecesora, Sicario 2 viene para llenar el vacío de las películas de acción de la vieja escuela. ¿Argumento claro, análisis y profundidad? ¿Para qué? Tenemos a Josh Brolin disparando balas por todo México, no se necesita más.

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