La nueva película de Che Sandoval llega a los cines argentinos después de su paso por el BAFICI. 

Este nuevo film del cineasta chileno Che Sandoval tiene mucho en común con sus dos trabajos anteriores Te creís la más linda (pero erís la más puta) de 2010 y Soy mucho mejor que voh (2013). De hecho, las películas funcionan como una suerte de «trilogía temática»: historias de tres personajes emocionalmente fallados y con los que es difícil empatizar, obsesionados con el sexo y a punto de atravesar un camino humillante que puede ayudarlos a conocerse más a sí mismos y solucionar sus problemas o hundirlos en la autodestrucción. Mientras las dos primeras películas de Sandoval son comedias urbanas con personajes masculinos bien guarros que rozan la misoginia, acá el foco está puesto en una protagonista femenina.

Martina Andrade (Antonella Costa) es una ex estrella pop olvidada que vive a la sombra de su madre —una famosísima cantante melódica— y atraviesa la crisis de los 40 junto a su padre en coma, su patético manager y su gata, permanentemente en celo. Al contrario de su mascota, Martina se ha vuelto frígida tras su última ruptura amorosa y el deseo sexual —tan importante para ella en su vida— se ha vuelto un lejano recuerdo. Todo cambia el día en que conoce a Francisca (Geraldine Neary), una fanática chilena bastante desequilibrada que cree que Martina podía ser su hermana perdida. Martina decide viajar a Chile junto a ella, no por el interés de descubrir su historia familiar sino para seducir a César (Pedro Campos), el novio de su posible hermana, quien con una sola mirada logró volverla a hacer sentir cosas. Y me refiero ahí abajo.

Dry Martina es la película de Sandoval más sobria desde la narración y prolija desde la técnica pero no por eso abandona su estilo ácido con una comedia negra y lenguaje adulto y personajes extremos que pasan de la alegría al llanto con facilidad. Gran parte del encanto de la película descansa en los hombros de la protagonista: Antonella Costa (Garage Olimpo 1999, La Chica que Limpia 2017) compone a un personaje excelente y muy actual en su forma de actuar. Una mujer desvergonzada y sin prejuicios, dueña de su sexualidad que utiliza al deseo como la brújula que le marca el camino (literalmente, Martina dice que «confía en las reacciones de su concha»), no tiene miedo de decir lo que piensa sin ningún tipo de filtro y tiene una actitud imponente, siempre dispuesta a lograr lo que quiere y no dejar que nadie la pase por encima. Se podría decir que es una mujer que intimida a los hombres de su vida porque «actúa como lo haría un hombre».

Más allá de los claros impulsos lujuriosos que la llevan a actuar —a veces de manera impulsiva— , en el fondo Martina utiliza su actitud como una coraza para ocultar sus inseguridades. Además también ansía otro tipo de conexión más allá de lo sexual y en la búsqueda de reactivar su deseo puede llegar a encontrar algo mucho más importante: una familia.

Dry Martina es una gran comedia con pinceladas dramáticas que utiliza el talento de su protagonista y el correcto acompañamiento de sus intérpretes secundarios (Patricio Contreras y Geraldine Neary son otros puntos altos en el apartado actoral) para contar una historia que a primera vista puede parecer simple y chabacana pero logra ser encantadora y emotiva sin perder el desenfado provocador que caracteriza a Sandoval.

Título original: Dry Martina 

Año: 2018

Duración: 95 minutos

Dirección: Che Sandoval

Guion: Che Sandoval 

Elenco: Antonella Costa, Geraldine Neary, Patricio Contreras, Pedro Campos.

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