De un tiempo a esta parte, todas las semanas de estrenos cuentan por lo menos con una nueva película de terror. Esta semana no se quedará atrás y es por eso que Una Pesadilla en el Infierno (Ghostland, 2018) es la elegida para desembarcar en nuestras salas, aunque algunos meses más tarde del estreno internacional. Esta película es una co-producción francesa canadiense y detrás de las cámaras tiene al director y escritor francés Pascal Laugier, quien también se encargó de escribir el guión de esta historia.

Una madre soltera de nombre Pauline (Mylène Farmer) decide mudarse a la casa de su tía recientemente fallecida, junto con sus dos hijas adolescentes, Vera (Taylor Hickson) y Beth (Emilia Jones). En la casa a donde se mudan, se encontrarán con el extraño fetiche de su tía de coleccionar muñecas antiguas, de esas muñecas que asustaron a todos alguna vez. Ya instaladas, su casa se verá allanada por una banda de los criminales más bizarros que intentarán apoderarse de las pequeñas hermanas. Años más tarde, las hermanas que decidieron separarse durante un tiempo, deberán volver a encontrarse para librase de algo que quedó pendiente en esa casa repleta de muñecas. 

A simple vista, esta peli podría caer en los lugares comunes del cine de terror. Fantasmas, posesiones y espíritus del mas allá. En esta oportunidad, ese primer pensamiento, no podría estar mas alejado de la realidad. Lejos de ser una obra predecible y común, Pesadilla en el Infierno es un thriller psicológico de primer nivel mezclado con un slayer sumamente sádico, que desorienta hasta al aficionado del cine de terror número uno. Con más de un plot twist dentro de su guión, el director y escritor, se las ingenia una y otra vez para asegurarse de que este sea su film más reconocido. Con un escenario que podría tranquilamente ser cliché, estos giros que se producen, despabilarán a más de uno. Con una influencia totalmente «Lyncheana», el guiño más retorcido que esta peli tiene es claramente hacia la mundialmente famosa Mulholland Drive (2001) de David Lynch.

En cuanto a las actuaciones y personajes, el primer acto se encarga de describir a cada uno de sus participes de la mejor manera. La menor de las hermanas, fanática de las historias de terror y la mayor, con un espíritu rebelde se encargan de producir una química que a lo largo de los años en el cine, nunca deja de funcionar. Cabe destacar que al producirse una elipsis temporal bastante grande, la esencia en ningún momento de pierde. Las cuatro actrices se encargan de englobar una personalidad al personaje cumpliendo de gran manera. Los antagonistas, Kevin Power y Rob Archer merecen una distinción a parte. Totalmente bizarros y sádicos, se encargan de dar una imagen totalmente terrorífica desde el primer minuto que aparecen, transmiten el horror personificado. La mayoría de las buenas películas de terror son aquellas que constan con buenos antagonistas, llámese Scream (1996), Viernes 13 (1980) o Halloween (1978) y este es uno de esos caso.

Para los fanáticos del cine del horror, esta es una película que no pueden saltearse. Hay sustos, giros psicológicos, una buena dosis de slayer y muñecas antiguas de porcelana por doquier. Nada puede salir mal.

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