Espíritus malignos, bosques espesos y leyendas urbanas se juntan en lo nuevo del cine coreano.

Después del tremendo éxito que fue Invasión Zombie (Train to Busan, 2016), el cine coreano de terror parece haber tomado un poco más de fuerza, dentro de las distribuidoras de cine en Argentina. Aprovechando el furor que se produjo en nuestras salas y las repercusiones, sumamente positivas, llega una nueva producción coreana. Bajo el nombre de «Mimic: No sigas las voces» (The Mimic, 2017), es una película basada en una leyenda urbana situada en las afueras de la gran ciudad de Seúl. El encargado de dirigir y escribir esta peli es Huh Jung, un director que tiene como fetiche las películas de terror ya que a sus 36 años, su filmografía está compuesta enteramente por producciones del género.

El argumento es muy simple: centrándose en una de las leyendas urbanas más conocidas de Corea, un antiguo espíritu malvado que estaba encerrado en una cueva, queda liberado y al acecho por nuevas personas a las quien confundir en su camino y hacerse de sus almas. Mientras tanto, un matrimonio y su hija recién llegados al «barrio», tendrán lidiar con sus propios fantasmas del pasado, al mismo tiempo que intentarán no confundir su camino y no dejarse llevar por las voces del más allá que los atormentan.

A la hora de acercarse a ver un film que viene por fuera de Hollywood, hay que tener en cuenta que, principalmente, el ritmo vertiginoso al que estamos acostumbrados no tendrá lugar aquí. La trama se desarrolla a una velocidad completamente diferente y es normal que los bostezos sean algo en común entre todos los espectadores. Esto no quiere decir que la película sea aburrida o mala, simplemente es que no estamos acostumbrados a un cine más pausado y que busca todo el tiempo el detalle. Este es un claro ejemplo, con una trama sumamente interesante, el director se toma todo el tiempo del mundo, para desarrollarla a la perfección. Dejando algún que otro cabo suelto por ahí, la mayoría de las preguntas que surgen en la cinta, son contestadas bastante bien. También hay que tener en cuenta que hay ciertos estereotipos que ni en Corea pueden llegar a obviar que son clásicos en las producciones de terror.

La fotografía de toda la película tiene una muy llamativa semejanza con la serie de culto de David Lynch, Twin Peaks (1990-2017). Rozando entre el homenaje y la copia, la mayoría de los escenarios parecen ser sacadas de la obra del director estadounidense. Para los fanáticos de los trabajos del cineasta, las referencias les sacaran sonrisas todo el tiempo y sin dudas hará mas amigable la experiencia. El guion, si bien no sale de lo convencional, tampoco es su pilar más fuerte. Algunas de las escenas se encuentran faltas de correlación con las anteriores y posteriores y una gran cantidad de diálogos sufren de esto mismo también. Moneda corriente en el cine asiático.

Otra de las grandes diferencias que se notan a simple vista entre el cine hollywodense y los demás, es el trabajo de los actores. Al ser «menos conocidos», su trabajo suele sorprender a la audiencia y este no será un caso diferente. Yum Jung-ah es quien hace del papel de la protagonista y realmente se luce, cada parte de ella en pantalla hace que el metraje tenga un sentido de identificación en particular.

Para los que nunca hayan visto cine por fuera de los tanques que vienen desde Los Angeles, «No sigas las voces» es una gran forma de ver cómo se desarrollan historias a lo largo del globo con mucho menos presupuesto que sus rivales de occidente y al mismo tiempo, quedan mucho mejor que ellas.

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