En el 2016 el Universo cinematográfico de Marvel presentó su decimocuarta película donde nos muestra un mundo fantástico e inexplorado hasta el momento.

La historia gira en torno a Stephen Strange, un neurocirujano muy reconocido en su ámbito por su magnífico trabajo, aunque a veces se preocupa más por la rareza de los casos que por la salud de los pacientes. Stange es un personaje arrogante y  brillante al mismo tiempo.

Su vida da un giro inesperado cuando por un accidente de tránsito pierde el uso de sus manos. Con casi todos los recursos agotados decide viajar al Himalaya para encontrar una cura. Allí conoce a The Ancient One (Tilda Swinton) quien le enseña sobre las artes místicas para luchar contra el hechicero Kaecilius (Mads Mikkelsen), un antiguo aprendiz que decidió revelarse y busca liberar una oscura fuerza.

En esta aventura mágica, Strange está acompañado por Baron Mordo (Chiwetel Ejiofor), Wong (Benedict Wong) y Christine Palmer (Rachel McAdams). La película nos presenta la idea de que mientras los héroes como los Avengers protegen al mundo de los peligros físicos, los hechiceros lo resguardan de las amenazas místicas.

Scott Derrickson dirige esta aventura psicodélica que sale del molde de lo conocido hasta ahora en el mundo de Marvel y se anima a traer una historia diferente con universos paralelos, mucha magia, un elenco de lujo y con todo el carisma de Benedict Cumberbatch.

Doctor Strange no es la mejor película del MCU ni la más recordada pero es entretenida, llena de efectos visuales alucinantes que logran conquistarnos y con una pequeña cuota de humor. Stephen Strange fue siempre un personaje muy estimado por los fans, pero continuamente estuvo relegado a roles secundarios, todo cambia con esta película que nos invita a olvidar todo lo que creemos saber, abrir nuestras mentes y cuestionar las realidades.

LEER  Let There Be Carnage: Los mejores comics del symbiote