Basado en el clásico arcade de los años 80, esta nueva adaptación gamer trata de darle un sentido y una historia al juego emblema de Midway Games en el que los jugadores toman el control de monstruos gigantes tratando de sobrevivir contra los ataques de fuerzas militares. Esta adaptación está bajo la dirección de Brad Peyton, quien llevó a la gran pantalla dos películas de aventuras visuales de gran calidad como San Andreas (2015) y Journey 2: The Mysterious Island (2012). Ambas producciones tuvieron varios puntos en común pese a sus diferencias argumentales. La decepción en taquilla y en críticas generales como de especialistas, fueron las más rotulantes. Otra de sus similitudes fue la del actor que trabajó como protagonista, Dwayne “The Rock» Johnson. En este nuevo proyecto del cineasta, el buenazo de “La Roca” vuelve a ponerle el pecho a las balas para intentar remontar un poco, el flojo palmarés de su amigo director.

Davis Okoye (Dwayne Johnson) es un especialista en primates de reconocido prestigio que mantiene un vínculo muy importante con un singular gorila albino llamado George, un animal que posee una inteligencia extraordinaria y al que lleva cuidando desde su nacimiento. Cuando este gorila es víctima de una peligrosa modificación genética, su ADN mutará rápidamente y de manera incontrolada. Será entonces cuando George crezca de forma exponencial y se convierta en un monstruo violento. Su tamaño, rapidez, agilidad y violencia estará fuera de control. Pero este gorila no es el único animal que ha mutado, Okoye pronto descubrirá que hay otros animales que tienen el mismo problema, y que destruyen todo lo que encuentran a su paso. Para frenar esta amenaza y recuperar a su entrañable compañero, Okoye deberá enfrentarse a los responsables de esta mutación que está sembrando el pánico en el mundo, pues el primatólogo es el único capaz de frenar a estos monstruos y su amenaza

Así de raro como suena su premisa, la película cumple con un primer objetivo tan simple como clásico, que es el de entretener. Sin ser original del todo en su guion, la película tiene los tres actos bien marcados y el director, junto con su grupo de escritores, supo a cuáles darle más o menor valía e importancia. Con un exagerado número de personajes presentados y después, poco y nada desarrollados, el film está un 80% centrado en Dwayne Johnson, cuando hubiese sido mejor desarrollar un poco mejor el argumento principal, que en una primera impresión, es bastante interesante. Cabos sueltos por doquier e investigaciones que nunca se terminan, resultan ser moneda corriente en la filmografía de The Rock.

Algo muy extraño que sucede con el elenco, es que aquellos personajes que son poco desarrollados, son los que mejor impresión terminan dando. Salvo por Dwayne y un Jeffrey Dean Morgan, que pareciera actuar siempre de lo mismo pero con una onda tremenda, nadie del reparto engancha. El villano establecido, no tiene un plan para llevar a cabo y todo se da de manera accidental todo el tiempo. A la hora de los “monstruos”, están bien logrados visualmente, pero da la sensación de que ya se han visto antes. Hay secuencias que parecen sacadas del King Kong de Peter Jackson (2005) y otras de la saga original de Jurassic Park. Hablando del clásico de Steven Spielberg, la similitud con su historia no sólo se ve en los animales gigantes, sino también en conceptos de la ingeniería genética que la película transmite.

Sin dudas Rampage, es un claro ejemplo del cine pochoclero de nuestros tiempos pero, ¿por qué caer en lugares comunes y humor sin sentido? ¿No puede haber acción y aventura con aires de cambio y frescura? Mientras intentan descifrar estas interrogantes, lo que si es seguro, es que la agenda de La Roca, seguirá llenándose de estos proyectos sin alma, como su billetera con millones.

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