Terror en su estado más puro, de la mano de alguien que quiere dejar atrás el mote de humorista. 

En el último tiempo, muchas son las películas de terror que han desembarcado en el mercado internacional y en nuestras pantallas. A pesar de la cantidad, estas producciones suelen ser poco originales. De hecho, las que se han estrenado recientemente, son terceras o cuartas partes de sagas que empezaron años. En cuanto a sus estilos, no salen de dos categorías: Los slayer y todas las pequeñas variaciones que estas pueden tener, sin salirse del clásico y sin sentido esparcimiento de sangre. Y aquellas pelis donde los protagonistas son los fantasmas, espíritus, posesiones y casas encantadas. En esta oportunidad, el terror vuelve a formar parte importante en una historia que te pone los pelos de punta desde el minuto uno.

Dirigida, escrita y protagonizada por John Krasinski, (Jim de The Office 2005-2013), Un Lugar en Silencio (A Quiet Place, 2018) es una película que transcurre en un futuro bastante cercano, en un desolado Estados Unidos, más precisamente en un pueblo de Nueva York, en donde unas criaturas ciegas, pero con muy buen oído, cazan a la gente que anda haciendo disturbios por ahí a lo largo de todo el mundo. Junto con su esposa Evelyn (Emily Blunt, quien en la vida real es la esposa de John) y sus hijos Marcus, Regan y Beau, la familia Abott deberá mantener el mayor silencio para no perder sus vidas en manos de estas criaturas.

Cuando se dan obras de gran calidad en tantos aspectos diferentes, es para celebrar. En primera instancia ver la evolución actoral de John Krasinski es sorprendente. Hace varios años, y más desde que terminó la serie que lo puso en los primeros planos de Hollywood, que él ha estado tratando de sacarse de encima el estigma de «solo puede hacer comedias», y la verdad que cumple con creces. El dramatismo y la emoción que consigue transmitir es alucinante y se nota que el papel que él mismo escribió, junto con Bryan Woods y Scott Beck, le gusta de tal manera que hace un trabajo perfecto. Su esposa -por partida doble- Emily Blunt, se luce también como co-protagonista especialmente en escenas de mayor temor. Los gestos faciales de la actriz reflejan la definición precisa de lo que llamamos terror. Los niños del film, si bien no destacan al igual que los dos mas grandes, cumplen su rol y papeles de una manera como para que en un futuro los grandes estudios los tengan en cuenta.

A la hora de la dirección, Krasinski se luce. Con una muy compleja premisa, el labor de John detrás de las cámaras en sensacional. El terror que quiere imprimir se logra a la perfección desde la primera imagen del film. La edición de sonido es un detalle no menor, porque tiene un papel fundamental en la obra y estos sonidos son incluso, por momentos, más personajes dentro de la historia. El guión esta muy bien y lo mejor que tiene es que no se deja llevar por obviedades. Si bien, tiene apenas dos o tres momentos que parecen sacados de los «libros» de como hacer películas de miedo, son escenas que deben estar para que todo cierre de la mejor manera.

Uno de los mejores aspectos de la peli, es que el director y protagonista, se dedica a hacer una historia que tiene un principio, un desarrollo y un final. Aunque parezca tonto aclarar este ítem, entre tanta saga y franquicia, no esta mal que cada tanto vengan estas obras en donde no hay que concentrarse en easter eggs o referencias. Lo mejor que se puede hacer con esta peli es, aprovechar alguna función de trasnoche en su cine favorito y verla con ese ambiente, casi desolado, en silencio y con la oscuridad como única compañía, como la familia Abbott.

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