Maria Magdalena es la nueva película de Garth Davis después de haber dirigido “Un camino a casa” (Lion, 2016). Propone hacer un repaso un año antes de la muerte de Jesús. Pero el foco está en María Magdalena (Rooney Mara), una joven que decide dejar a su familia con un fin plenamente ideal.

Desde el comienzo podemos ver a una mujer fuerte, con convicciones, que decide seguir el camino de la fe. Pero a mitad de la narración, se vuelve imponente la figura de Jesús (Joaquín Phoenix). Este es el primer error, porque el film se bifurca y embarra todo lo construido de momento.

El director ofrece una mirada completamente diferente de la histórica mujer, donde se la trataba de prostituta. En este caso se aprecia a una protagonista comprometida, inteligente y capaz de poder transmitir los mensajes, siendo parte 100% de los doce apóstoles. En realidad le da un lugar más importante que el de un apóstol, ella está encargada de dar la noticia de la resurrección y aconseja constantemente a Jesús en su camino.

Podemos ver al Rabino (llamado así por todos) cometiendo actos milagrosos y convenciendo así a la multitud que queda perpleja. Y a pesar de que obvia situaciones e información referidas al catolicismo -conocidas por la mayoría en occidente-, otra vez podemos ver como lo crucifican, sangra y sufre.

El guión carece de diálogo, el cual es reemplazado por un dramatismo musical cansador. Y si bien demuestra un duro camino, se vuelve insoportable la constante tensión entre los apóstoles y María Magdalena. En ningún momento los personajes de la película hacen una mueca de sonrisa.

Este largometraje está hecho únicamente para poder apreciar a María Magdalena desde un lugar más humano e interesante al como se la trató por años, para que las mujeres católicas del mundo se puedan identificar con el empoderamiento de ella y así poder seguir sosteniendo la bandera. Lo bueno es que no deciden realizarla -como suelen hacer las películas religiosas- para reclutar gente distante de la causa.

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