Para su décima película, Marvel se arriesgó con un grupo de desconocidos que se ganaron el corazón del público.

Los Guardianes de la Galaxia fueron creados originalmente en el año 1969 por Arnorld Drake y Gene Colan. Las historias relataban las aventuras de héroes alienígenas a través del espacio. Sin embargo, nunca fueron populares: Solo empezaron a tener relevancia en el 2008 cuando Dan Abnett y Andy Lanning relanzaron sus cómics. A pesar de haber participado en las series animadas Avengers: Earth Mightiest Heroes y Ultimate Spider-Man, muchos se sorprendieron cuando Marvel anunció una película sobre ellos e incluso, algunos vaticinaron que sería el primer fracaso del estudio.

El director James Gunn presentó una «space opera» llena de humor, acción, aventuras y personajes entrañables que no tardaron en ser tan populares como Iron Man. Chris Pratt encarnó a Star-Lord, un humano raptado por extraterrestres en los años 80 devenido a mercenario. Zoe Saldana interpretó a Gamora, hija adoptiva del villano Thanos. El debutante Dave Bautista se encargó de Drax, un alien que no entiende las metáforas y busca venganza por su familia. Bradley Cooper le puso voz a Rocket Raccoon, un mapache modificado genéticamente que habla, tiene mal humor y usa armas enormes. Finalmente, Vin Diesel le puso voz a Groot, un árbol con brazos, piernas y un lenguaje limitado a «I am Groot». Este pintoresco grupo debía unirse para enfrentar al malvado Ronan «el acusador» (Lee Pace) y Nebula (Karen Gillan), los cuales trabajaban para Thanos y querían conseguirle una poderosa Gema del Infinito.

El film se destaca por presentar una serie de temas musicales de los años 70 y 80, los cuales acompañan momentos clave. Los temas son los mismos que Star-Lord escucha en su viejo walkman con cassettes que su madre le grababa. Esto, sumado a una impecable edición que mezcla una banda sonora compuesta por Tyler Bates, le da una identidad propia frente a otras películas de superhéroes.

El humor y la química de los actores está trabajado de forma excelente y no hay un solo momento que aburra. De hecho, ya es una delicia ver a los personajes simplemente interactuando, intercambiando palabras e ideas. El guión también es una fiel representación de la personalidad de James Gunn, haciendo que se sienta como una obra personal del director.

Muchos compararon Guardianes de la Galaxia con Star Wars y no es casualidad: No solo pertenecen al mismo género, se siente una sensación similar al ser inmerso en ese universo ya establecido donde se  cuenta lo justo y necesario para presentar a los personajes y desarrollarlos. Los efectos especiales son efectivos y deslumbran mostrando mundos extraños que se veían en los cómics y la fotografía colorida de Ben Davis nos hace acordar a las viñetas que solía dibujar el maestro Jack Kirby, algo que se repetiría en la secuela y en Thor: Ragnarok.

Los Guardianes de la Galaxia consiguieron ser «los jugadores ocultos», esos que sorprenden, esa carta con la que nadie contaba. Tuvieron buenas críticas y el público llenó las salas de cine. Ese grupo de «personajes marginados» que nadie conocía logró ser más taquillero que otros más conocidos y Marvel Studios demostró una vez más saber cómo manejar su universo cinematográfico, expandiéndolo a nivel cósmico.