Netflix vuelve a sorprender gratamente con una producción cinematográfica que destaca por su despliegue visual y su ambientación cyberpunk.

Basada en la novela homónima de Richard K. Morgan y diferenciándose de la tendencia impuesta por la escuela de la ciencia ficción actual de Black Mirror, Altered Carbon no transcurre en un futuro plausible y cercano, plagado de redes sociales y marketing descontrolado que invade la privacidad, sino que cimenta sus bases en un terreno puramente ficcional de autos voladores y hologramas multicolores.

Esto no quiere decir que la serie esté exenta de crítica social. Siguiendo la tradición Cyberpunk creada William Gibson en su novela Neuromancer, que posteriormente directores de cine llevarían un paso más alla con grandes películas como Blade Runner (Ridley Scott) o Ghost in the Shell (Mamoru Oshii),l a serie muestra una visión de los ochenta sobre el futuro. De mundos con contrastes donde se presentan la riqueza exagerada y la pobreza extrema, así como la tecnología de punta y las costumbres ancestrales conviven y se tocan diariamente.

La trama presenta un futuro distópico en el año 2384, donde la tecnología permite al ser humano desafiar a la muerte. La memoria del cerebro se almacena en unos aparatos llamados “pilas”, que se encuentran en la base del cráneo, permitiendo cambiar de cuerpo siempre que puedan pagarlo. Los personajes llaman a los cuerpos “fundas” como una forma de quitarles importancia y reducirlos a productos intercambiables.

Los problemas empiezan cuando asesinan al billonario Laurens Bancroft (James Purefoy) quien logra salvarse gracias a su pila, pero sin recordar a su asesino, por lo que utiliza sus influencias para ordenar que revivan a Takeshi Kovacs (interpretado por Will Yun Lee y Joel Kinnaman), un talentoso mercenario y terrorista a quien contrata para resolver el misterio de su asesinato. Si Kovacs tiene éxito, obtendrá una amnistía por todos sus crímenes pasados y una inmensa fortuna para recomenzar su vida donde él lo desee.

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Por supuesto, nada es tan fácil como suena, a medida que avance en su investigación, el detective neo-noir irá descubriendo que el crimen es aún más complejo de lo que parece y será arrastrado por un mundo retorcido que apenas comprende, además de ser acosado por los fantasmas de su propio pasado.

El resto del elenco se complementa muy bien con la detective Kristin Ortega (Martha Higareda) que seguirá los pasos de Kovacs en busca del más minimo error, el ex-marin Vernon Elliot (Ato Essandoh) y la esposa de Bancroft, Miriam (Kristin Lehman). Pero quien se roba la pantalla en cada una de sus apariciones es la I.A interpretada por Chris Conner, dueño del hotel donde se hospeda Kobacks que se hace llamar Poe y toma la apariencia del famoso escritor homónimo.

El guion si bien no es innovador, sabe contruir muy bien la historia y dar algunos giros inesperados, además de no caer en un clásico error de las series de Netflix de estirar situaciones con el fin de completar cierta cantidad de capítulos. Esto sumado al trabajo actoral del cast y al increíble despliegue visual con el que muy pocas pocas producciones del estilo cuentan, hacen que Altered Carbon se destaque como una de las mejores producciones en lo que va del año.