Robert Downey Jr., es el protagonista y la leyenda que inició el universo cinematográfico de Marvel hace diez años con la primera película en solitario del hombre de hierro.

Para empezar, cierren los ojos y sitúense en el 2008, diez años atrás. Cuando la moda de las redes sociales empezaba a surgir y las buenas películas de superhéroes no abundaban, totalmente diferente a lo que se conoce hoy en día. Si hacemos un recuento hasta ese momento de las buenas adaptaciones de los mejores héroes que pasaban de las viñetas a la pantalla grande, podemos contarlas con los dedos de las manos. Esporádicamente, salían películas de estos personajes que combaten el crimen, pero no todas tuvieron buen paso por los cines. A la hora de destacar algunas, todos estarán de acuerdo con que Batman (1989) y Batman Returns (1992) de Tim Burton fueron las mejores durante muchos tiempo. De la vereda de enfrente, Sam Raimi se encargó de dirigir la adaptación original y la secuela, del Spider-Man de Tobey Maguire, que tan buenos recuerdos traen. En el medio de estas películas, se estrenaron algunas que no fueron tan bien recordadas, de ambas compañías (DC/Marvel) y que hubiese sido mejor que nunca se hicieran, como las dos entregas de Los 4 Fantásticos o Catwoman.

El juego cambió cuando en 2005 Warner Bros. Pictures, Christopher Nolan y Christan Bale otorgaban la versión madura y definitiva de las películas de héroes que todos querían con Batman Begins. Esta nueva versión del Caballero Oscuro, fue el puntapié inicial que necesitaban las empresas de comics para volverse a meter con todo en el mundo del cine. Por eso, desde las oficinas de Marvel tomaron nota de este suceso y empezaron a definir lo que se conoce como Marvel Studios. Esta cinta, debía causar la misma sensación de madurez que causó el murciélago de la compañía rival, y obviamente querían igualar o superar los réditos económicos que alcanzó la peli de DC, y se decidieron por un personaje con atributos bastante similares, pero que hace rato querían traer a la gran pantalla. Así es como en 2008, luego de 3 años de desarrollo, Iron Man llega a la gran pantalla.

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Dirigida por Jon Favreau y protagonizada por Robert Downey Jr., esta primera aventura de los estudios Marvel mostraba al genio, millonario, playboy y filántropo Tony Stark, CEO de una empresa armamentista que fue fundada por su padre Howard, a mediados del siglo XX. En esta cinta de origen, Tony es secuestrado en el medio oriente por una banda terrorista, mientras él promocionaba una nueva arma de destrucción masiva para el ejercito de los Estados Unidos. Durante su secuestro, Tony se vio afectado gravemente por algunos restos de metralla que se alojaron cerca de su corazón poniéndolo en peligro de muerte. En ese momento es que la vida del joven Stark cambia para siempre, cuando su compañero de secuestro, ayuda a construirle un electroiman para mantener estos elementos benignos, lejos de su corazón.

Pero este no será el único problema para el héroe en el film, porque mientras Tony y Ho Yinsen (Shaun Toub) se las arreglaban para salir de su cautiverio creando al Mark 1, el primer traje biomecanico de Iron Man, en los Estados Unidos daban por muerto al millonario y el verdadero enemigo ascendía como CEO de Stark Industries, Obadiah Stane (Jeff Bridges). Ayudado por sus únicos amigos, Pepper Potts (Gwyneth Paltrow), Happy Hogan (Jon Favreau) y James «Rhodey» Rhodes (Terrence Howard), Tony deberá acabar con los planes de Obadiah mientras lidia con su nueva responsabilidad de llevar dos identidades al mismo tiempo.

Si bien ya pasó una década desde el lanzamiento de esta película, por lo cual nada de esto se considera un spoiler, hay elementos a lo largo de todo el metraje que no pasan de moda y ya nos presentaban las claves en las que se basan todas, en mayor o menor medida, las pelis de Marvel. El humor y la ironía, son claves en esta película, a pesar de los chistes y demás, en ningún momento se pierde la seriedad ni el dramatismo que nos quieren transmitir. Acá la gente sufre y el héroe se involucra de lleno en intentar solucionar los problemas de los cuales también es en parte responsable. El guion de la peli es muy bueno, hay guiños para los fanáticos, y no deja nada librado al azar, el plot twist del final es brillante y es hasta hoy en día nos emocionamos cuando escuchamos al magnate gritar a los cuatro vientos «Yo soy Iron Man». También, al ser una peli de orígenes, si uno no conoce nada del personaje, el director y los guionistas se las arreglan para darte a conocer todo lo necesario.

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Una de las mejores cosas que tiene Iron Man, es que es la base perfecta del basto universo rodeado de personajes que conocemos hoy, y esto es porque desde un primer momento, todo fue parte de un plan estratégicamente idealizado. Sin prisa pero sin pausa, los cráneos de Marvel Studios con Kevin Feige a la cabeza, fueron introduciendo personajes como Phil Coulson (Clark Gregg) y diferentes agentes de S.H.I.E.L.D., para que todo cuadre y nada quede fuera de lugar. También el uso de las escenas post-créditos, hoy fetiches en el cine superheroico, iban mostrando elementos con los que podíamos empezar a jugar a futuro. Esta historia quizás tenga una de las mejores, y más memorables escenas post-créditos de todas. Con la presentación de Nick Fury (Samuel L. Jackson) y su fantástica iniciativa Avengers.

Iron Man puede que no sea la mejor película de todo el universo cinematográfico de Marvel (MCU), pero sin dudas alguna, de no haber causado un gran impacto con éxito, todo este centenar de personajes que hoy conocemos, quizás no existirían en la gran pantalla.