Con una gran influencia del Bowie, el indie, pop, rock y soul, BØRNS va abriendo el año con este disco con un sonido personal y fresco.

Cuando suelen hablar del ”fin del rock” y sus derivados, siempre suelo dudarlo y termino por no creerlo. Es cierto que en este momento las “taquillas musicales” están ocupadas por el gran momento que está atravesando la nueva oleada del rap y hip-hop, que se supo escapar de la idea de “chulos-gangsters” y, gracias a algunos artistas como Kendrick Lamar, Kanye West y Tyler The Creator están llegando a los lugares más creativos e interesantes que este género supo dar.

También es verdad que las grandes bandas de rock que tenemos en la actualidad pertenecen a la generación 2000: Foo Fighters, Arctic Monkeys, Queens of the Stone Age y Muse, por nombrar sólo algunas. Y capaz es sorpresivo cuando un Royal Blood sale en escena a empezar poco a poco a ganar su lugar. Pero, también existe un lado mucho más alternativo, que saben combinar lo mejor del pop, el rock y el indie, para darnos un sonido fresco y nuevo: eso es BØRNS.

Con su nuevo disco Blue Madonna, este músico de Michigan explora el indie-pop y lo alternativo bajo la notable influencia y el camino que dejó sentado David Bowie, con ese peculiar estilo andrógino, tanto para su estética como su voz. Siendo un fiel sucesor a su primer trabajo Dopamine, el álbum mantiene su línea, con una gran variedad de sonidos aunque, al mismo tiempo, manteniendo una homogeneidad en el estilo. Con “God Save Our Young Blood” -single que lanzó acompañado por Lana del Rey– como carta de presentación, BØRNS nos adentra en su ambiente sonoro. “Faded Heart” va por un lado mucho más rockero, nos acelera un poco y nos lleva directo a “Sweet Dreams”, con una base pop y una repetitiva y punzante linea de bajo. “We Don’t Care” y “Man” nos mantienen ese estilo bailable del electro-soul, hasta llegar a “Iceberg”, donde entramos en picada hacia una suavidad, casi susurrada por parte del cantante y su música.

Llega “Second Night of Summer” y BØRNS despliega su potencial al momento de cantar, a través de esa voz aguda que tanto define su estilo andrógino. Con “I Don’t Want You Back” se relaja y nos vuelve a llevar por el camino que venimos transitando. El interludio de “Tension” y “Supernatural”, nos vuelven a poner en un baile pop lento mezclado con unas guitarras casi folk por momentos, con ecos, coros y un ritmo hipnótico que se vuelve imposible salir del lugar dónde nos mete.

Para el cierre del disco tenemos nuevamente -y casi por sorpresa- una colaboración de Lana Del Rey en Blue Madonna, que nos lleva a caminar por la plena noche, con la luna siendo lo único que nos ilumina. Por último, culminamos con “Bye-bye Darling”, donde un piano y los ecos de la voz del Borns nos despiden mientras se aleja para perderse en un tranquilo mar de oscuridad.

Un disco nocturno y envolvente, que a la vez es pulcro y con un sonido que te lleva por distintos lugares casi sin darte cuenta. Blue Madonna es una gran manera de empezar los estrenos musicales del año, que recién acaban de arrancar.