Nos acercamos al estreno de «X-Men: Apocalipsis» y en esta edición toca el turno de analizar «X2», una de las mejores del cine de superhéroes.

Ayer repasamos el debut fílmico de 2000, hoy seguimos adelante con la secuela que llegó tres años después. Muchos dicen que las segundas partes rara vez funcionan, se equivocan: «X-Men 2» retoma las virtudes de la primera cinta, amplía las subtramas, equilibra personajes y mejora el ritmo general. ¿El resultado? La entrega más solida y madura de los mutantes.

2003-5Bryan Singer regresa a la dirección, junto al mismo equipo actoral con una historia que no desperdicia ni el minuto inicial. La escena de Nightcrawler (Alan Cumming) infiltrándose en la Casa Blanca para asesinar al presidente es de lo mejor que se ha visto en el cine de superhéroes. Fallando su cometido a último momento, el Profesor X (Patrick Stewart) lo encuentra utilizando a Cerebro y manda a Jean (Famke Janssen) y Storm (Halle Berry)  para capturarlo. El gobierno se siente débil y amenazado —post 9/11 ¿coincidencia?—, por lo que un maniático William Stryker (Brian Cox) interviene para manifestar su ofensiva hacia el Profesor X para tomar control de su dispositivo que localiza mutantes.

2003-2En un plan minuciosamente orquestado por el villano de turno, Charles y Scott (James Marsden) visitan la prisión donde se encuentra Magneto (Ian McKellen) y son secuestrados por Lady Deathstrike (Kelly Hu), una mutante con curación acelerada y uñas retráctiles de adamantium, controlada por Stryker. Mientras tanto, la mansión X es atacada por fuerzas militares y Wolverine logra escapar con Iceman (Shawn Ashmore), Rogue (Anna Paquin) y Pyro (Aaron Stanford). En medio de la persecución, Logan descubre que Stryker tiene las respuestas a su pasado y decide enfrentarlo. De ahí en más, los mutantes deberán reunirse —incluyendo a Magneto y Mystique— para frenar al letal enemigo humano antes que acabe con la población mutante mediante el uso de una mejorada versión de Cerebro.

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Un gran acierto de «X-Men 2» es que explora sobre el trasfondo de varios miembros del equipo, mutantes que sufren problemáticas como cualquiera de nosotros como la segregación, el rechazo, la discriminación y los prejuicios.  Sin ir más lejos, tenemos a Bobby Drake/Iceman revelando sus habilidades mutantes a su familia, la cual indignamente lo denuncia ante las autoridades o un Nightcrawler católico que se autocastiga ante cada error y pecado cometido. Es difícil hoy encontrar títulos comiqueros que aborden con seriedad conceptos tan complejos y comprometidos.

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Siempre es un lujo disfrutar de Ian McKellen como Magneto, a pesar de que aquí no sea el antagonista de turno. Nuevamente, se lleva el crédito de la escena más intensa absorbiendo el hierro de un guardia de prisión, inyectado previamente por Mystique. También, la película juega con su conflictuado rol apoyando a los Hombres X, ya que luego de asaltar las instalaciones de Stryker se decide por modificar el objetivo inicial de Cerebro para matar a todos los humanos, fiel a sus convicciones.

«X2» brinda un drama de ciencia ficción que le hace justicia a las premisas principales de la novela gráfica «God Loves, Man Kills» de 1983. Sobre el final, no hay mucho que decir que no se sepa. Los X-Men logran escapar del desborde de la presa del lago Alkali gracias a Jean Grey, quien sobrepasa los límites de sus poderes y logra levitar la nave del equipo, sacrificándose con la extraña manifestación de una fuerza que la envuelve: el Fénix. El hype y manija que la escena generó en su momento no se compara con ninguna de las post-créditos de las actuales producciones. Es así que «X-Men 2», con lo justo y necesario, enseña que menos es más.

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