Tres mil millones de vidas humanas se apagaron el 29 de agosto de 1997. Los supervivientes del fuego nuclear llamaron a aquella guerra «El día del juicio final». Solo vivieron para hacer frente a otra pesadilla…la guerra contra las máquinas.

Sarah Connor

Por @mauvais1

La Historia.

En 1984 Sarah (Linda Hamilton) enfrentó lo que sería el destino de la humanidad, irónicamente aun desconociendo que ella sería la madre de quien enviaba ese mensaje. Las eventualidades de los viajes en el tiempo. Destruido el Terminator T-800 (Arnold Schwarzenegger) en la fábrica, la joven parte cargando con el futuro de la humanidad.

Hasta que 10 años después, porque el destino tiende a morderse la cola como el uróboros, veremos el mundo en el 2029 completamente aniquilado, la historia recomienza, se reescribe y origina un nuevo futuro. Una segunda misión atravesará el tiempo para finalizar la misión que falló.

Estamos en 1995, la idea de un apocalipsis tortura al mundo sin la ayuda de Sarah, porque a no engañarse, el límpido y brillante sol de Los Ángeles no llega a encandilar del todo la mugre y la desidia que campan a sus anchas en las calles. Atravesado el último lustro del siglo y apenas unos años antes de la debacle que dará comienzo al Juicio Final, los humanos nos apresuramos a la modernidad sin mirar a los lados.

John Connor (Edward Furlong) educado en un hogar adoptivo, transita la adolescencia con el lastre de una madre loca y unos padres sustitutos que no comprenden por donde viene la mano. El pequeño de 10 años, ha escuchado a su madre contarle una y otra vez la historia de su nacimiento, el motivo por que el que su vida es tan importante. Estamos ante el elegido, el salvador, que niega y reniega de su destino y se oculta tras el ladronzuelo, el lengua larga y prontuario en ascenso.

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Cause you could be mine

But you’re way out of line

With your bitch slap rappin’

And your cocaine tongue

You get nuthin’ done

I said you could be mine.

 

Guns And Roses, destila el veneno por los parlantes del estéreo con «You Could Be Mine» directo a los oídos de los niños que corren por la ciudad en ruidosas motos.  Hasta ahí no somos testigos de nada extraordinario, es un jovencito de los noventas, con la liviandad de esa década de vuelo corto y miras altas.  Pero la misión, decíamos, debe finalizarse.

Hay que ver a quien se le ocurre que un rostro familiar puede dar confianza y envía uno que es más parecido a la máscara de la muerte que al de un confidente. Con su madre recluida, John deberá arreglárselas solo para superar las primeras pruebas que todo líder transita.  Un nuevo Terminator es enviado, en realidad, el primero en llegar es, no solo el protector, si no que también el anunciador de lo por venir. El ángel de la primera trompeta. El segundo en hacerlo es de una generación superior, el T-1000, un cyborg polimimetico (Robert Patrick), es una criatura capaz de imitar, de poseer mil rostros, capaz de ser mil armas filosas y puntiagudas. Es en definitiva una maquina cuasi perfecta de matar. La mano está dada, el terminator T-800 regresa como salvador y protector, cambiando las reglas del juego, el T-1000 arrasará con todo en busca de dar por terminada la cacería del líder que aun, en el porvenir, sigue presentando una esperanza para la raza humana. Porque la guerra entre las máquinas y el hombre está en la encrucijada y Skynet, la supercomputadora que domina casi la totalidad del planeta, busca cortar por lo sano esa rebelión. Matar lo que aún no se ha forjado.

Es irónico que el único capaz de dar a John, de acuerdo a palabras de la rescatada Sarah Connor, una imagen de autoridad sin cuestionar ni modificar al niño, por propias mañas, sea un cyborg. Ese que casi la aniquila.

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Obsesionada y llena de pesadillas sobre ese futuro que tanto le habló Kyle Reese, Sarah intentará, emulando a los androides, detener el destino matándolo antes de nacer. El Dr. Miles Bennett Dyson (Joe Morton) es quien podríamos llamar el padre de la debacle, un científico que está desarrollando en Cyberdine el prototipo de la Skynet. La fatalidad tiende a ser cruel con quienes se interponen en su camino, lo que antes salvo a Sarah y John hoy puede ser su destrucción.


 

El Director. Como contaba mi compañero @Pocodemucho en su artículo de la primera entrega de esta que ya es saga en todo su derecho, el maestro James Cameron, con 23 títulos como director solamente, comenzó en el cine el día en que se encontró con 2001: Odisea del Espacio (Space Odyssey de Stanley Kubrick – 1968). Pero fue que años después, siendo camionero, vio en el cine Star Wars y decidió que ese sería su futuro. Bendito George, que con la space opera de Luke Skywalker dio origen al genio creador de Aliens y de la tapada y poco recordada Strange Day (para tener en cuenta). Pero con la saga de Terminator hizo el salto definitivo a la fama internacional; cosa del fatum que Cameron se encontrara en un hotel de Roma, por motivo del rodaje de un anuncio comercial, cuando una noche sufrió fiebres y mareos. Cuenta cómo en mitad de la noche se despertó, febril, y dibujó algo que hoy en día es un icono del cine: un Terminator surgiendo de una bola de fuego. El resto pertenece a la historia.

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El soundtrack de la primera entrega pronto se transformó en un sonido icónico de la ciencia ficción, los sintetizadores en la nueva entrega mutaron a una orquestación con coros que hicieron vibrar las escenas, Brad Fiedel, el compositor de las dos, dio el salto a la monumentalidad y la épica, haciendo del Main Title Theme un clásico. Pero fue el You Could Be Mine de Guns N´Roses el que se llevó toda la gloria. Pista compuesta por Izzy Stradlin y Axel Rose para Use Yor Illusion 2. Aunque no había sido escrita especialmente para Terminator, la canción fue seleccionada por James Cameron para ser incluida en la película y Arnold fue el encargado de agasajar a la banda con una cena en su casa para negociar el acuerdo, transformándolo en el sencillo más vendido de la banda.

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Pues bien, una historia sin complejidades que confundieran al espectador fue a su vez una verdadera y rocambolesca historia de viajes en el tiempo y reformulación de arquetipos de la propia mitología de la saga, una evolución certera de los personajes. Con una Sarah Connor, construida por Linda Hamilton, que se sometió a un intenso entrenamiento, con un ex soldado de fuerzas especiales Israelí, una mujer oscura e inestable completamente opuesta a la joven mesera que conociéramos en la anterior cinta. Con un diseño de efectos especiales que para entonces fueron una verdadera revolución, porque daba el empujón definitivo a los efectos digitales, quedando a su vez justo en el límite entre el clásico animatronic y trucos de cámara con el GCI. Stan Wiston (el maestro en Special effect de Jurassic Park entre otras grandes) trabajo codo con codo con Industrial Light & Magic para la creación de los terminator T-800 y T-1000 haciendo para deleite nuestro pura magia.

TERMINATOR 2 - T2 -18- CINE FANTÁSTICO - CIENCIA FICCIÓN - EL FANCINE - EL TROBLOGDITA - ÁLVARO GARCÍA - @repaci31

Es en definitiva una obra maestra de la ciencia ficción, a la que consideramos  referencial, de esas que al envejecer solo traen, en posteriores visionados, nuevas maravillas. James Cameron se volvió la estrella internacional, ese monstruo capaz de romper taquillas y a la vez darnos el mejor de los productos. Y sería injusto si no pusiéramos en la misma línea al Arnold Schwarzenegger que con pocas palabras y pequeños tics bordó a ese androide capaz de enternecernos. Podemos recordar los juegos con amigos en nuestra infancia y con el arma de plástico decir “Hasta la vista baby” o “I´ll by back”.  Terminator 2: Judgment Day se volvió un adelantado a pura fuerza de carisma y entretenimiento, un emblema de aquellos años noventas de películas de acción y ciencia ficción. Una joya que se llevó cuatro estatuillas de los Oscar y que recaudó la friolera (para aquellos años) de casi 520 millones de dólares.

Para terminar les dejamos el clip de You Could Be Mine, una postal de los dorados noventas y su cine emblema.